Orígenes del castellano


 

Extracto del discurso del catedrático y académico Emilio Alarcos Llorach en el acto de conmemoración del  Milenario de la Lengua Española, celebrado en el Monasterio de San Millán de la Cogolla, Comunidad Autónoma de la Rioja, el 14 de noviembre de 1977 con asistencia de los Reyes de España.

El primer castellano, latín vasconizado

Las lenguas que reflejan estas glosas [Emilianenses del siglo X], de acuerdo con la localización geográfica en que se escribieron, es en realidad una muestra, defectuosamente manifestada por la grafía, del romance que se hablaría entonces en la región, es decir, en esta Rioja, zona de interferencia de pueblos y lenguas desde los tiempos prerromanos.

Escritas las glosas en el confín occidental del reino navarro, pero en el ámbito de este monasterio que mantenía intensas relaciones con otros cenobios de la Castilla burgalesa y que recibía la visita constante de peregrinos castellanos, no ha de extrañar el carácter híbrido de la lengua que manifiesta. Mezcla de tendencias lingüísticas que se daban sin duda en el habla misma de nuestro amanuense. Ignoramos su nombre y condición, pero lo que consignó por escrito aduce datos suficientes para poder afirmar que era un bilingüe vasco-románico dedicado con aplicación al estudio del latín escrito.

No todas esas glosas están en romance; algunas se limitan a ofrecer un equivalente latino más o menos sinónimo de la palabra dificultosa; pero, además, y esto es lo curioso, un par de ellas no están redactadas ni en latín ni en romance, sino en vasco. Con lo cual estamos celabrando un doble milenario: el de los primeros testimonios escritos del castellano y del vasco.

Es interesante saber que en esos siglos persistía vivo el bilingüismo que indudablemente existió largo tiempo, desde los primeros intentos de romanización, en todas estas tierras del alto curso del Ebro, y que en gran parte, es responsable de las especiales características que adoptó el romance castellano.

De otro modo: el castellano es en el fondo un latín vasconizado, una lengua que fueron creando gentes eusquéricas romanizadas.

Podemos aceptar, con todas las dificultades que presenta la interpretación precisa de esas gloras emilianenses, que éstas constituyen el primer ejemplo histórico de nuestra lengua escrita, reflejo de un habla reducida a límites geográficos muy restringidos, una más entre las variadas que se desarrollaron a partir del latín en la península.

¿Quién hubiera podido pensar en aquellos oscuros años que ese modo de hablar, tan apartado y discordante frente al latín, iba a difundirse, no sin perder algunas de sus características, sobre otras zonas, absorbiendo dialectos en principio más cultivados, e incluso en generalizarse como instrumento de comunicación de tantas naciones?

La explicación de este proceso, de cómo el primitivo castellano se convirtió en español, es ya cuestión no estrictamente lingüística, porque fue producto de circunstancias sociales y culturales, en definitiva históricas.

La potencia política y cultural del reino de Castilla tuvo el suficiente prestigio para que las regiones o reinos vecinos, por conveniencia o comodidad, aceptasen poco a poco sus modelos lingüísticos. Castilla no impuso a León ni a Aragón su propio idioma; fueros estos reinos los que adoptaron el castellano por pura facilidad en la comunicación. Así en el siglo XVI, la lengua castellana se convierte en la general de todas las regiones unificadas bajo la corona española.

Publicación de primeras gramáticas en algunas lenguas

Año

lengua

autor de la primera gramática

 1492

español

Antonio de Nebrija

1525

italiano

Pietro Bembo

1536

portugés

Fernao de Oliveira

1550

francés

Louis Meigret

1558

tarasco

Maturino Gilberti

1560

quechua

Domingo de Santo Tomás

1568

polaco

Piotr Statorius o Stojenski

1571

náhuatl

Alonso de Molina

1573

alemán

Albert Oelinger

1586

inglés

William Bullokar

1610

tagalo

Francisco Blancas de San José

 

Antonio de Nebrija

Antonio de Nebrija, filólogo y humanista español, nació en Lebrija, Sevilla, hacia 1441 y murió en Alcalá de Henares en 1522. De su lugar de nacimiento fue también conocido por Lebrija, y aun por Alio Antonio, de Aelius, prenombre que tomó a imitación de los latinos.

En su juventud pasó diez años en Italia y en 1475 entró a enseñar en la Universidad de Salamanca, donde pronto obtuvo una cátedra de gramática.l Allí inicia su obra con las Introductiones latinae (1481) que traduce al castellano (Intruducciones latinas, 1485) a instancias de Isabel la Católica. Entre 1487 y 1502 aprovecha la protección del cardenal sevillano D. Juan de Zúñiga para escribir, exonerado de sus obligaciones docentes, lo más abundante y significativo de su obra gramatical y lexicográfica.

En 1502 interviene como latinista en la Biblia Políglota Complutense, auspiciada por el cardenal Cisneros, pero sus diferencias con los teólogos sobre la fijación textual que propone, contraria a la Vulgata, le hace abandonar el proyecto. Regresa a la Universidad de Salamanca en 1505, pero su ímpetu dialéctico le crea graves enfretamientos con sus colegas. Tras un breve periodo de suspensión, en 1509 obtiene la cátedra de retórica, pero ante el fracaso en su intento de recuperar la de gramática, opta por trasladarse a Sevilla hasta que Cisneros le concede la cátedra de retórica en la recién fundada Universidad Complutense, en Alcalá de Henares, con el famoso privilegio de percibir sueldo sin obligación de enseñar.

Al margen de obras menores sobre pedagogía, pesas, medidas y numeraciones o sobre astronomía, lo más destacado como filólogo se halla en su Diccionario latino-español (1492), en la Gramática de la lengua castellana (1492), en cuyo prólogo, dedicado a la reina Isabel, escribe la célebre frase de que «la lengua es compañera del Imperio», el Vocabulario español-latino (1495) y las Reglas de orthografía en la lengua castellana (1523), que constituyen, sobre todo la Gramática, auténticas innovaciones en su género, con muchos años de diferencia frente a cualquier otra réplica en lengua vulgar, y con las que ejerció una secular influencia por todo el mundo universitario y erudito de Europa. Con él se afirma el humanismo hispánico.

Una tesis anticipa en un siglo la aparición del español escrito

  IGNACIO MARTÍNEZ, Logroño

El País - 4 abril 1997 - Nº 336


El hallazgo por parte de dos profesores de la Universidad de La Rioja de un nuevo códice emilianense anterior a las glosas, datado en el siglo X, supone una revolución de las teorías mantenidas hasta ahora por los máximos especialistas en el estudio del origen de la lengua española. El estudio adelanta cien años la aparición del primer escrito romance, autóctono de la península Ibérica. Esta investigación fue difundida ayer por los hermanos Claudio y Javier García Turza, dentro de las jornadas del IV Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española, que se celebra en Logroño durante esta semana.

El códice emilianense número 46 que se encuentra en la Real Academia de la Historia, en Madrid, es una especie de diccionario enciclopédico que recoge todos los conocimientos que el hombre tenía en una época oscura de la historia como es la Alta Edad Media. El glosario, que abarca más de 25.000 artículos con más de 100.000 acepciones, además de una relación de los concilios religiosos celebrados en esos siglos, se encuentra escrito en latín, «pero en un latín adulterado, que contiene ya elementos puramente romanceados». Para el lingüista Claudio García Turza, la trascendencia del descubrimiento reside en que el glosario permite conocer la lengua romance hispana de esa época y de la anterior, al tiempo que pone las bases para un estudio posterior más riguroso.

Fechado en el año 964

En círculos académicos se había mantenido hasta ahora que las glosas emilianenses y silenses eran los primeros testimonios del español escrito, que se fecharon, sin precisión por las lagunas que todavía presentan los métodos paleográficos, sobre el siglo XI. El glosario descubierto ahora está fechado de forma precisa el 13 de junio del año 964, es decir, un siglo antes.

Además, el hallazgo puede hacer tambalear la teoría académica que establece la influencia de la cultura carolingia en los primeros escritos hispanos, que se basa en la aparición de caracteres carolingios en los textos de las glosas datadas en el siglo XI -estos caracteres se copiaban tal como venían de otros códices al desconocer los escribas su significado-. Ahora, explicó el historiador Javier García Turza, el nuevo glosario, al repetir hasta la saciedad grafías ya aparecidas en las pizarras visigóticas, troqueladas entre los siglos V y VIII, «puede conducir a afirmar que ese romance era puramente hispano y no copia de los llegados de la corte de Aquitania».

La tesis defendida por los hermanos García Turza confirma que el monasterio de Suso, de San Millán de la Cogolla, fue el lugar en el que aparecieron los primeros vestigios escritos del castellano, a la vez que ratifica que el monasterio riojano figuró entre los centros culturales más importante de la Europa de aquellos siglos por su biblioteca y escritos.