Juan Ramón Jiménez Mantecón

Justo Fernández López


BIOGRAFÍA

Juan Ramón Jiménez Mantecón (1881-1958), poeta y premio Nobel de Literatura en 1956, nace en Moguer (Huelva) en el seno de una familia acomodada que se dedicaba al cultivo de viñedos y la elaboración y exportación de caldos. Su niñez fue triste y aislada, marcada por una soledad que luego habría de convertirse en una constante a lo largo de su individualista peripecia vital.

Comienza a publicar a los 14 años. Estudió en la Universidad de Sevilla.

Trasladado a Madrid, el uraño, abstraído y melancólico Juan Ramón Jiménez fue incapaz de adaptarse al ajetreo de la gran ciudad, en la que cayó víctima de una grave neurosis depresiva que, con diferentes altibajos, habría de acompañarle a lo largo de toda su vida. Padecía frecuentes crisis nerviosas que le obligaban a pasar temporadas en sanatorios de España y Francia.

A raíz del estallido de la Guerra Civil (1936), abrazó la causa republicana y, en un gesto filantrópico extraño en él, acogió en su propia casa a varios niños huérfanos, a cuya atención destinó una elevada parte de su hacienda cuando en 1936, abandonó España para tomar posesión de su nuevo cargo de agregado cultural en la Embajada de Washington.

Reside luego en Puerto Rico, donde recibe el Premio Nobel de Literatura en 1956 por su obra poética, "que constituye un ejemplo de honda espiritualidad y artística pureza en lengua castellana". Muere dos años más tarde.

Famosa fue a su lado su esposa, Zenobia Camprubí, que con él hizo traducciones y le ayudó mucho moralmente en sus repetidas crisis nerviosas.

Los poemas de Rubén Darío, introductor del modernismo en la poesía española, le causaron gran impacto en su juventud. También le influyó la lectura de los grandes poetas del simbolismo francés, que acentuaron su inclinación hacia la melancolía.

OBRAS

Su interés por simplificar la ortografía (eliminar la g y sustituirla por la j cuando su sonido es el mismo, o renegar de la x en palabras como “estraño”) atiende a un mayor acercamiento entre el fonema y la grafía que lo representa, en la línea de las vanguardias que experimentaron con el valor plástico de la palabra en la página.

Entre sus principales antologías se encuentran:

Poesías escojidas (1917)

Segunda antolojía poética (1922)

Canción (1936)

Tercera antolojía (1957)

ESTILO

La obra poética de Juan Ramón Jiménez es muy extensa, con libros que, a lo largo de su vida, en un afán constante de superación, fue repudiando o de los que salvaba algún poema, casi siempre retocado en las sucesivas selecciones.

Aunque Juan Ramón veía su obra como una concepción unitaria, el propio poeta propuso en su obra Animal de fondo (1949) una periodización de su creación poética. Según él, su trayectoria poética había atravesado tres épocas distintas, sin perder nunca la continuidad que daba sentido unitario a toda su creación poética: una sensitiva otra intelectual y una postrera, que la crítica denomina suficiente o verdadera.

Época sensitiva (1898-1915) - Fase de influencia modernista

Influencia directa de Bécquer y del Modernismo de Rubén Darío. Huella de los simbolista franceses, como Paul Verlaine (1844-1896) y de varios modernistas españoles como Villaespesa y Valle Inclán. El tema de la muerte, junto al del amor y al de la soledad, deja una huella indeleble en esta primera época de su poesía.

La influencia del modernismo se percibe en los primeros libros, aunque su mundo poético pronto apunta, como el de Bécquer, hacia lo inefable, con unos poemas elaborados a partir de sensaciones refinadas, sutiles estados líricos y el énfasis en la importancia de las relaciones entre palabra y música. Predominio de la musicalidad tenue, de colores esfumados y sentimentalismo nostálgico. Poesía delicada, íntima y doliente.

Ninfeas (1900)

Título inspirado por Valle-Inclán.

Almas de violeta (1900)

El título obedecía a una sugerencia de Rubén Darío.

Rimas (1902)

Para curar una de sus crisis nerviosas, pasó una temporada en un sanatorio de Francia y aprovechó la estancia en territorio galo para leer con fruición la poesía francesa de finales del siglo anterior (especialmente, la de los autores parnasianos y simbolistas). Fruto de estas provechosas lecturas y de esas primeras experiencias eróticas fue su tercer volumen de poemas, publicado en Madrid bajo el abiertamente becqueriano título de Rimas.

Arias tristes (1903)

En su cuarta obra dejó patente su evolución desde el post-romanticismo becqueriano y el modernismo parnasiano hasta el simbolismo. La obra fue considerada unánimemente por críticos y lectores como su primera obra maestra.

Jardines lejanos (1904)

Baladas de primavera (1907)

La soledad sonora (1908)

Época intelectual (1916-1936) – Fase de poesía más original

El Diario de un poeta reciencasado (1916) inauguró esta segunda época.

A través de su mujer Zenobia conoce la poesía anglosajona: como el irlandés Yeats (1865-1939), el inglés Hopkins (1844-1889) y el norteamericano Whitman (1819-1892). Descubre al poeta indio Rabindranath Tagore (1861-1941), cuyos versos habían sido traducidos al castellano por la propia Zenobia -hija de madre hindú y buena conocedora de la literatura inglesa.

Reniega del simbolismo francés suprimiendo los elemento ornamentales para buscar una poesía mucho más sobria y descarnada, expresión de la desnuda pureza de lo bello y trascendente.

Desaparecen los elementos decorativos modernistas. Expresión más sobria y desnuda, que evita la vaguedad. En esta etapa J. R. J. liquida el modernismo. El arte de Juan Ramón Jiménez se hace independiente de cualquier escuela, aunque el simbolismo, ya totalmente asumido, siga influyendo en su poesía casi hasta el final. Con el paso de los años su estilo se hace cada vez más depurado, siempre en busca de la belleza absoluta, de la poesía y del espíritu que él intenta fundir con su lirismo esencial interior.

Estío (1915)

En 1911 JRJ regresa a Madrid, después de que la agudización de sus constantes depresiones le aconsejara un nuevo cambio de aires. Se alojó a partir de 1913 en la Residencia de Estudiantes, cuyo ambiente le atraía. En este año conoció a la joven y cultísima escritora barcelonesa Zenobia Camprubí (1887-1956), de la que se enamoró perdidamente. Inspirado por esta arrebatada pasión, Juan Ramón escribió y publicó Estío (1915), un bellísimo poemario amoroso que acabó por vencer la resistencia de Zenobia.

Diario de un poeta recién casado (1916)

JRJ y Zenobia se casaron en la iglesia católica de St. Stephen, de Nueva York, donde el poeta prometió a su amada el más bello poemario amoroso que jamás se hubo escrito.

Un nuevo tema irrumpe con desusado vigor en su poesía con esta obra. El largo viaje transatlántico le deparó el "descubrimiento" del mar como fuente innegable de belleza y emoción poéticas, y de la absorta contemplación del vasto océano surgió su inmediato acercamiento a la "poesía pura". Contiene ritmos inspirados por el movimiento del mar, verso libre, prosa, sugerencias humorísticas e irónicas. El libro supone un canto a la mujer, el mundo marino y Estados Unidos.

Se abre una segunda etapa en la trayectoria literaria de Juan Ramón Jiménez, nacida también del conocimiento adquirido durante su viaje de bodas acerca de la poesía anglosajona, y del descubrimiento de la obra del genial poeta indio Rabindranath Tagore (1861-1941), cuyos versos habían sido traducidos al castellano por la propia Zenobia.

Eternidades (1918)

Juan Ramón ya era una de las figuras cimeras de la lírica española contemporánea, posición que consolidó definitivamente con el poemario genial Eternidades (1918), una de las obras que mayor influencia han ejercido en la poesía española del siglo XX.

Piedra y cielo (1919)

Época suficiente o verdadera (1937-1958)

En Romances de Coral Gables (1948), junto al tema dominante de la comunión con la naturaleza en busca de lo absoluto, aparece la añoranza de su Moguer natal. En Espacio (1941) el poeta oscila entre la plenitud de éxtasis místico y los abismos de la angustia y la desolación. En Animal de fondo (1949), primera parte de la última obra maestra de Juan Ramón  Dios deseado y deseante (1957) da rienda suelta a un misticismo panteísta: el poeta se siente místicamente identificado con un dios inmanente que habita en el interior del poeta y se expresa a través de la palabra poética.

Animal de fondo (1949)

Construye el símbolo con un lenguaje próximo a una religiosidad inmanente y panteísta. El tiempo acaba fundiéndose con el espacio. El poeta simbolista y romántico, metafísico después y puro, se revela finalmente como un visionario y metafísico que mantiene una alta tensión poética a partir de iluminaciones nacidas en lo profundo de su sensibilidad. Sus hondas inquietudes espirituales -orientadas, en esta última etapa de su vida, hacia una religiosidad inmanente y panteísta- alcanzan una intensidad lírica difícilmente superable en esta obra, que Juan Ramón Jiménez volvió a publicar en el transcurso de aquel mismo año bajo el título de Dios deseado y deseante (1957), nombre de la segunda y novedosa parte del poemario.

Estación total (escrito entre 1923 y 1936, publicado en 1946)

La identificación del poeta con la belleza, con la plenitud de lo real, es casi absoluta. La palabra aúna abstracción y realidad, y el poeta se hace “poeta total”, ejemplo de fusión entre el sujeto y el universo.

Romances de Coral Gables (1948)

Obra en la que aparecen otros argumentos novedosos en la obra juanramoniana -como la añoranza de su Moguer natal.

Espacio (publicado en 1954, escrito en 1941)

Una profunda revisión de su vida y su obra anterior y un extenso y alucinado ejercicio de creación impulsiva y caótica (cercano a la escritura automática de los surrealistas), en el que el poeta oscila entre la plenitud de éxtasis místico y los abismos de la angustia y la desolación.

Ellos (2006)

Libro que reúne ochenta y seis poemas inéditos, fotografías y textos, y que supone el legado de un proyecto inacabado que Juan Ramón Jiménez comenzó en 1902 y que se hallaba disperso y en buena medida inédito, dedicado a su madre, su hermano y sus amigos.

PROSA

Españoles de tres mundos (1942)

Platero y yo (1917)

Tras una nueva crisis anímica, regresó a su pueblo natal, donde, más retraído y melancólico que nunca, se enfrascó en la redacción de la que estaba llamada a convertirse en una de las obras maestras de la literatura universal: Platero y yo (escrito hacia 1906, pero inédito hasta 1914).

Es su obra más conocida, escrita en prosa poética, y a la que le debe gran parte de su fama universal. Emocionada elegía a un borriquito, escrita durante la etapa modernista. La prosa poética de esta obra, llena de ternura, le hizo famoso en todo el mundo. Funde fantasía y realismo en las relaciones de un hombre y su asno. Es el libro español traducido a más lenguas del mundo, junto con Don Quijote de Miguel de Cervantes.

A finales de la década de los años veinte y comienzos de la siguiente, se produjo entre los autores del 27 y su primer guía o mentor un distanciamiento. Los autores de la generación del 27 (que habían   homenajeado a Góngora) se orientaron hacia una poesía humana, del todo opuesta a la "poesía pura" de Juan Ramón. El poeta chileno Pablo Neruda redactó un célebre Manifiesto de la poesía impura, que representaba un ataque frontal y despiadado contra la estética de Juan Ramón.

La nota que mejor define a J. R. J. es su ansia total de perfección. Está impregnada toda su obra de un sentido aristocrático del arte. Pero la perfección en arte es para Juan Ramón “la espontaneidad, la sencillez del espíritu cultivado”. Su poesía expresa un absoluto subjetivismo.

Autor de una extensa y espléndida producción poética que parte de la estética modernista para alcanzar, tras sucesivas etapas de constante depuración ornamental, las mayores cotas de hondura espiritual en la estela de la denominada "poesía pura", está considerado como uno de los poetas mayores de la lírica española del siglo XX.

Mi vida es todo poesía. No soy un literato, soy un poeta que realizó el sueño de su vida. Para mí no existe más que la belleza.

La poesía de Juan Ramón es de lo más puro y exquisito escrito en el siglo XX. Contrasta con la vibración apasionada de un Miguel de Unamuno y la emoción caliente de un Antonio Machado.

Juan Ramón Jiménez influyó decisivamente en la generación poética del 1927. Él es el punto de partida prácticamente de la generación de Lorca. Su mérito fue el haber evolucionado de un modernismo gastado hacia nuevas formas, que abrieron nuevos caminos a la generación del 27. Sin Juan Ramón Jiménez el modernismo se hubiera agotado en banalidades.


¡Qué tranquilidad violeta!

Por el sendero, a la tarde,

a caballo va el poeta...

¡Qué tranquilidad violeta!

La dulce brisa del río,

olorosa a junco y agua

le refresca el señorío...,

la dulce brisa del río...

A caballo va el poeta...,

¡qué tranquilidad violeta!

Y el corazón se le pierde,

doliente y embalsamado,

en la madreselva verde...,

y el corazón se le pierde...

A caballo va el poeta...

¡qué tranquilidad violeta!

La alameda está de oro...

El último pensamiento

del sol, la hace ensueño y lloro...

La alameda está de oro.

[de Baladas de primavera, 1907]

El viaje definitivo

... Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando;

y se quedará mi huerto, con su verde árbol

y con su pozo blanco.

Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;

y tocarán, como esta tarde están tocando,

las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;

y el pueblo se hará nuevo cada año;

y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,

mi espíritu errará, nostáljico...

Y yo me iré: y estaré sólo, sin hogar, sin árbol

verde, sin pozo blanco,

sin cielo azul y plácido...

Y se quedarán los pájaros cantando"

[de Poemas agrestes, 1911]

¡Intelijencia, dame

el nombre esacto de las cosas!

Que mi palabra sea

la cosa misma,

creada por mi alma nuevamente.

Que por mí vayan todos

los que no las conocen, a las cosas;

que por mí vayan todos

los que ya las olvidan, a las cosas;

que por mí vayan todos

los mismos que las aman, a las cosas...

¡Intelijencia, dame

el nombre esacto, y tuyo,

y suyo, y mío, de las cosas!

[de Eternidades, 1917]

Dios del venir, te siento entre mis manos,

aquí estoy enredado conmigo, en lucha hermosa

de amor, lo mismo

que el fuego con el aire.

No eres mi redentor, ni eres mi ejemplo,

ni mi padre, ni mi hijo, ni mi hermano;

eres igual y uno, eres distinto y todo;

eres dios de lo hermoso conseguido,

conciencia mía de lo hermoso.

[de Animal de fondo, 1949]