Romanticismo alemán

Justo Fernández López


Al final del siglo XVIII, Alemania une clasicismo y romanticismo y produce las más grandes síntesis de la culminación de un estilo y planteamiento de un carácter nuevo, en la literatura, la música y la filosofía: Goethe, Beethoven y Kant.

Periodos y movimientos literarios en Alemania

Alta Edad Media (750-1100)

Baja Edad Media (1100-1500)

lengua utilizada es el antiguo alemán

entre 1170 y 1230 florece el Minnesang

canciones de amor cortés y poemas épicos: Walter von der Vogelweide

Humanismo y Reforma protestante (1450-1600)

Martín Lutero (1483-1546) traduce la Biblia y crea la lengua estándard

Barroco (1600-1720)

Ilustración (1720-1780)

Christian Thomasius, «padre de la Ilustración alemana»

Filósofos: Christian Wolff y Gottfried Wilhelm Leibniz

Johann Christoph Gottsched (1700-1766) – Ensayo sobre una literatura crítica (1730)

Christoph Martin Wieland (1733–1813), creador del Bildungsroman

Gotthold Ephraim Lessing (1729–1781) – Nathan el Sabio (1779)

Sentimentalismo (1740-1767)

Friedrich Gottlieb Klopstock (1724–1803) – El Mesías (1748–1773)

Sturm und Drang (1765-1785)

Hamann, Herder, Goethe, Schiller

Clasicismo de Weimar (1786-1805)

Goethe (después de su viaje a Italia en 1786), Schiller (muerto en 1805), Hölderlin (puente entre Clasicismo y Romanticismo)

Romanticismo (1799-1835)

Hermanos Schlegel, Tieck, Novalis, Brentano, Eichendorf, Chamizo, Arndt, Uhland, hermanos Grimm, Heine (“el último romántico”)

Biedermeier y Vormärz (1815-1830)

Lanau, Mörike

Realismo (1850-1880)

Naturalismo (1880-1900)


 

Hacia finales del siglo XVIII nace el romanticismo en Alemania como expresión de ideas patrióticas, nacionales, que resucitan la Edad Media, los Maestros Cantores, los recuerdos caballerescos. La invasión napoleónica hizo nacer el odio contra la opresión extranjera, avivó el patriotismo. En Alemania se dejó de imitar la literatura francesa y se emprendió la búsqueda de lo nacional, de lo peculiar alemán, en las memorias del pasado y en la cultura popular.

En Alemania la revolución industrial sólo cobra vida y dinamismo a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Alemania era un puzzle de reinos y principados, que formaba desde el siglo X una parte central del Sacro Imperio Romano Germánico que duró hasta 1806. Durante el siglo XVI, las regiones del norte del país se convirtieron en el centro de la Reforma Protestante. Como un moderno estado-nación, el país fue unificado en medio de la Guerra franco-prusiana en 1871.

Entre 1756 y 1763, tuvo lugar la Guerra de los Siete Años, serie de conflictos internacionales con el objetivo de conseguir el control sobre Silesia, y la supremacía colonial en América del Norte y en la India. La guerra terminó con el Tratado de París. Esta devastadora guerra, el fraccionamiento del territorio, la falta de unidad política, fueron circunstancias que retardaron el desarrollo literario alemán, de modo que la alemana es la última de las literaturas europeas en perfilarse. La lengua alemana permaneció relegada en las universidades a un segundo plano por el latín, hasta que Christian Wolff (1679-1754) introdujo el alemán en las universidades y en la producción filosófica.

Cuando e 1774 publica Goethe su novela Las tribulaciones del joven Werther  es cuando se inicia en Alemania la búsqueda de un lenguaje poético moderno, se rechaza la moda francesa y se reafirma lo nacional y popular. El movimiento romántico surge en los países alemanes de confesión protestante, en las regiones que llevaron a cabo la Reforma.

EL ROMANTICISMO DE JENA - DIE FRÜHROMANTIK (1795-1804)

El primer Romanticismo es, desde un punto de vista teórico literario, la fase más interesante del movimiento romántico en Alemania. Un grupo de autores que trabajaban en Jena y cultivaban una buena amistad, como los hermanos August Wilhelm (1767–1845) y Friedrich Schlegel (1772–1829), Wilhelm Heinrich Wackenroder (1773–1798), Ludwig Tieck (1773–1853) y Friedrich von Hardenberg (1772–1801), bajo el seudónimo de Novalis, rompieron con muchas convenciones y tomaron como referencia la obra de Goethe (Werther, Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister). 

Friedrich Schlegel desarrolla el concepto de «poesía universal progresiva», que mezcla los géneros más diversos y, reflexionando sobre sí mismo, contiene su propia crítica. La ironía es el instrumento de reflexión: nunca podemos estar seguros de los múltiples significados y creaciones de las obras literarias, por lo que lo mejor es dejarse llevar por el atrevimiento de la mentira que representa el arte. El fragmento literario es otro, en el que el arte reflexiona sobre su propio «fracaso» y se separa del concepto «clásico» de la obra armónica y cerrada en si misma, que representaba un estado ideal.

Los hermanos Schlegel (Friedrich y August) desempeñaron un papel fundamental en la articulación de la primera escuela romántica alemana, sobre todo desde la revista Athenaeum (1798-1800), fundada por ellos, junto von Ludwig Tieck, y en la cual participaron los principales representantes del movimiento, como Novalis y Schleiermacher. En esta revista publicará Novalis por primera vez sus Himnos a la noche.

Los hermanos Schlegel se convirtieron en los definidores del nuevo movimiento romántico con sus nuevas ideas estéticas. Su labor crítica influyó grandemente en las ideas de su época. La revista Ateneo fue el medio de expresión del conocido círculo de Jena, que reunía en sus filas personajes tan importantes de la cultura alemana como el filósofo Schelling, el poeta Novalis y el teólogo Schleiermacher, entre otros.

Su ideario estético partía de una ruptura con la mímesis clásica y defendía que el arte debía ser principalmente expresión de la fuerza dinámica de la naturaleza, debía crear una obra autónoma. Frente a las unidades que los clásicos defendían como necesarias para componer un drama, los románticos consideran que cada tema impone reglas particulares. Es decir que la forma debe ser orgánica y no mecánica.

Los románticos defienden la ironía y la obra como proceso en sí misma. Los dos se constituyeron cabezas de la escuela romántica alemana, que propugnaba la libertad creadora frente al clasicismo francés, entonces dominante, con la pretensión, no obstante, de conciliar esta libertad con el clasicismo griego, idea a la cual Goethe daría más tarde la fórmula en el simbólico casamiento de Fausto y Helena.

Se asigna el nombre de ‘romántico’ a un período literario-filosófico que se extiende aproximadamente entre 1780 y 1830 y que quedó configurado como ‘movimiento’ a partir de la publicación, en 1798, de un artículo firmado por el Friedrich von Schlegel (1772-1829) donde se distinguía entre ‘poesía romántica’ y ‘poesía clásica’, distinción parecida a la hecha ya por Friedrich Schiller en 1795-96 entre ‘poesía ingenua’ y ‘poesía sentimental’. La poesía ‘sentimental’ era la poesía ‘moderna’ (Über naive und sentimentalische Dichtung. Mientras la poesía ingenua tenía por objeto la perfección formal determinada por sus limitaciones, la moderna y sentimental subordinaba lo formal al contenido y aspiraba a lo infinito y absoluto. El movimiento romántico nace, pues, en Alemania sustentado por el principio kantiano de que los seres racionales finitos tienden al progreso hacia el infinito.

Se habla de la ‘literatura moderna’ (sentimental) en oposición a la ‘literatura clásica francesa’ (racional). La literatura romántica (‘moderna’) emprende la búsqueda de una identidad nacional y la reivindicación del espíritu nacional (Volkgeist), que se manifiesta en las creaciones del pueblo y en los grandes poetas. Esta oposición al clasicismo francés favoreció el cultivo de literaturas nacionales modernas o románticas.

Karl Wilhelm Friedrich von Schlegel (1772-1829)

Su principal aportación al romanticismo alemán son sus artículos y ensayos aparecidos en la revista Athenaeum (1798-1800) y en Europa (1803-1805) y la novela Lucinda (1799). Bajo la influencia de Fichte, desarrolló un pensamiento idealista radical.

En Jena, en cuya universidad impartía clases su hermano August, empezó a desarrollar una teoría estética, influido por la filosofía de Fichte. Esta Estética presentaba las bases teóricas del movimiento romántico con su teoría sobre la “ironía romántica”: dicotomía entre la obra creada e imperfecta y la idea de su autor perfecta. La poesía comprendería todo: filosofía, mitología y religión. Friedrich Schlegel, contra la necesidad defendida por los neoclásicos de ajustar la creación a unas reglas o leyes, sostiene que la poesía crea sus propias normas pues es engendrada por la fuerza original invisible de la humanidad.

En 1800 su Diálogo sobre la poesía (Gespräch über die Poesie), su obra más amplia sobre estética romántica y el texto más importante del primer romanticismo. Los temas, tratados en forma de diálogos platónicos, son la necesidad de una mitología para la poesía, una reflexión sobre la novela, sobre la historia de la poesía y sobre la obra de Goethe. Esta idea de que la poesía necesita una mitología es debida a que en esta época los grandes modelos literarios a imitar (la cultura greco-latina) gozaban de una mitología. El retorno a la cultura greco-latina lleva a la idea de crear nuevos dioses y combatir así el pensamiento ilustrado y racionalista que despreciaba los mitos y los dioses “paganos”. Para Schlegel, Dante Alighieri, Miguel de Cervantes y William Shakespeare son las mayores figuras de la literatura universal.

Se estableció en París algunos años, donde estudió sánscrito. El principal aliciente de la lingüística histórica y comparada en la primera parte del siglo XIX fue el estudio del sánscrito.

En 1804 volvió a Alemania, a Colonia (1804–1807). Tras convertirse al catolicismo en 1808 viajó a Viena, donde trabajó en el Ministerio de Asuntos Exteriores austriaco. Allí conoció al escritor Joseph von Eichendorff (1788-1857).

En 1808 publica Über die Sprache und Weisheit der Indier (Del idioma y la sabiduría de los indios), un trabajo que ayudó a fundar la ciencia moderna de la lingüística comparativa. En él aplica al indoeuropeo la metodología de la filología comparada, en la que se le considera un pionero. Basándose en las observaciones de Sir William Jones (1746–1794) sobre las similitudes entre el sánscrito y el latín, el griego y el persa, proclamó Schlegel que la India era la cuna de la civilización occidental. El paralelismo entre lengua y raza le hizo hablar de la raza común de los arios que se habría desplazado a Europa y habría hablado una Ursprache madre de todas las lenguas. Schlegel es deudor de Herder, quien ya había iniciado la revaloración de Oriente.

Sirvió en el ejército austriaco entre 1809 y 1810. Se constituyó en el portavoz ideológico de la liberación alemana del yugo napoleónico y apoyó a la Santa Alianza y a Metternich. Después de haber lamentado haber perdido el tiempo con el estudio de la literatura grecolatina, publicó una Historia de la literatura antigua y moderna (1815), calificada como una de las mejores de sus obras, y en la que recoge sus lecciones profesadas en la Universidad de Viena, ciudad donde desempeñó el cargo de secretario de la cancillería de Estado.

Desde 1815 a 1818 sirvió como secretario de la legación austriaca en la Confederación Germánica, en Frankfurt. En Viena preparó la edición de sus obras completas (10 vols., 1822–5). Schlegel fue desde 1798 el principal filósofo y teorizador del primer Romanticismo alemán (introdujo de hecho el término romantisch en el contexto literario). En sus últimos años sostuvo una gran admiración hacia la obra de Goethe, en especial su Wilhelm Meister.

A través de los escritos estético-filosóficos, Friedrich Schlegel se convirtió en uno de los principales teóricos del romanticismo alemán en su primera fase. Expresó sus ideas en numerosos aforismos o fragmentos. Gran parte de ellos fueron publicados en la revista Ateneo, entre ellos el número 116 que siempre se ha considerado como programático. Ahí Schlegel expresa lo que es para él la poesía romántica: Una poesía universal progresiva.

Por otra parte, intentó una revalorización de lo sobrenatural que le aproximó a la Iglesia católica hasta inducirlo a su conversión al catolicismo.

August Wilhelm von Schlegel (1767-1845)

August Schlegel fue crítico, traductor y profesor universitario. Fue discípulo de Herder y de Lessing, se opuso al clasicismo y al idealismo de Schiller. En 1796 fue nombrado profesor extraordinario en la universidad de Jena. Allí dirigió con su hermano Friedrich la revista Athenaeum, el órgano de la escuela romántica, y  comenzó a traducir las obras de Shakespeare, bajo la supervisión de Ludwig Tieck. En 1801 se trasladó a Berlín, donde formó parte del primer grupo romántico junto con los poetas Tieck y Novalis y con los filósofos Fichte y Schelling. A partir de 1803, le unió una estrecha amistad con Mme. de Staël.

Entre 1803 a 1809, publica dos volúmenes sobre el Teatro español (Spanisches Theater), en los que presentó unas traducciones admirables de cinco obras de Calderón de la Barca. En 1804 publica Blumensträusse italienischer, spanischer und portugiesischer Poesie, traducciones de poemas líricos españoles, portugueses e italianos.

Sus magníficas traducciones ayudaron a popularizar a Shakespeare en Alemania y ejercieron una notable influencia en el teatro romántico alemán. Sus traducciones del dramaturgo español Pedro Calderón de la Barca y otros dramáticos españoles introdujeron la obra de estos autores ante el público alemán. Junto con su hermano Friedrich von Schlegel y otros autores alemanes del momento, como Ludwig Tieck o Johann Wolfgang von Goethe, abrió el camino para la revalorización de la obra de Calderón y, en general, del teatro barroco español.

En en su un ensayo en francés, Comparaison entre la Phèdre de Racine et celle de Euripídes (1807), atacó el clasicismo francés desde el punto de vista de la escuela romántica. En 1809-1811, publica su obra de crítica, Sobre el arte dramático y la literatura (Über dramatische Kunst und Literatur), en la que expuso su creencia de que un crítico literario debería entender la individualidad y la originalidad de una obra, más que evaluarla de acuerdo con unas normas estéticas aceptadas.

En 1804, viaja por Francia, Alemania, Italia y otros países con Madame de Staël, a quien le debía muchas de las ideas de su obra De l'Allemagne. En 1813  fue secretario del heredero de la corona de Suecia.

Entre 1823 y 1830 publicó la revista Indische Bibliotek y editó (1823) el Bhagavad-Gita con una traducción al latín, y el Ramaiana (1829), obras que marcan el comienzo de los estudios de sánscrito en Alemania. Propuso por primera vez una clasificación tipológica de las lenguas que desembocaría en la actual de lenguas aglutinantes, aislantes, flexivas e incorporantes.

El filósofo Gottlieb Fichte y sobre todo Johann Gottfried Herder acuñan el concepto de Volksgeist (‘espíritu del pueblo’) dentro del marco del nacionalismo romántico: Frente al cosmopolitismo ilustrado, Herder defiende la existencia de naciones diferenciadas, a cada una de las cuales les corresponden unos rasgos constitutivos inmutables (culturales, raciales, psicológicos...) que por lo tanto son ahistóricos y anteriores a los individuos que forman una nación. Esta idea del Volksgeist fue posteriormente adoptada por los hermanos Friedrich y Wilhelm von Schlegel, quienes adaptaron esta idea al estudio de las lenguas, la literatura y el arte. La idea del Volksgeist niega la existencia de normas artísticas y literarias universales, como defendía el Neoclasicismo, y dio importancia los elementos en los que se observa con mayor claridad el espíritu propio de cada nación. Esta idea llevó a la revalorización de la épica medieval, así como del teatro de Shakespeare o Calderón de la Barca, rechazados durante el siglo anterior por no atenerse a las normas aristotélicas.

August Wilhelm Schlegel distingue en el romanticismo la “forma mecánica” y la “forma orgánica”. Rechaza la forma mecánica, propia del neoclasicismo, por ser una forma forzada, sin relación alguna con el contenido, sin contacto alguno con los sentimientos que se expresan en la obra, por ser una forma sin vida y antinatural que solo recubre el contenido. La forma orgánica, por el contrario, es percibida como algo natural y auténtico. Siguiendo a Schlegel, Böhl de Faber lo describe así:

«Esta forma no deberá ser mecánica (como lo entienden los sectarios de las tres unidades), sino orgánica. Llamamos forma mecánica la que se labra con moldes, y forma orgánica la que es innata. De esta clase son las formas que nos ofrece la naturaleza desde la cristalización de las sales hasta la figura humana, y que se pueden llamar fisonomías expresivas que nos revelan las cualidades ocultas de todas las cosas. [...] La tragedia antigua es un grupo de escultura; el drama romancesco, un cuadro, en el cual, además del colorido brillante de las figuras, se ven los derredores y los lejos.» (cita Llorens 1983: 12)

La predilección del Romanticismo por la Edad Media no careció de resonancias nacionalistas. En Alemania significó el preludio de un virulento nacionalismo. Para Schlegel y los románticos la historia de la Edad Media es también la historia alemana, la historia de la literatura alemana.

«Después de que Paul Henri Mallet en su Introducción a la Historia de Dinamarca (1755) había revelado la existencia de poesía nórdica y que Friedrich Gottlieb Klopstock (1724-1803) en sus últimos años (debido también a su larga residencia en Dinamarca) había usado ese descubrimiento en sus odas bárbaras [Odas (1747-1780)] y opuesto a la tragedia helénica la tragedia germana de Armiño, era casi de rigor que el escritor y poeta alemán quedaran fascinados por la lenta resurrección del alemán antiguo y del nórdico que se realizaba en la gradual apertura hacia la Edad Media. Quizás sea A. W. Schlegel quien lleve a la máxima potenciación el germanismo latente en el medievalismo de la época pues para él la Edad Media se convierte en la era germánica, la era alemana, y esta Germania, a su vez, da la clave necesaria para entender la historia y la naturaleza de Europa entera. Pues las invasiones bárbaras señalaron la subyugación de Roma y el principio de la era medieval y de la Europa germánico-cristiana, siendo los pueblos que en ella se constituyeron producto de una mezcla bárbara y latina. Igual sucede con las lenguas europeas todas formadas mediante una síntesis de una lengua bárbara y el latín local. También con la actual literatura romántica (entiéndase europeo-germánica, a diferencia de la clásica) que manifiesta la mayor unidad, aun entre países tan apartados como España e Inglaterra. Por la misma razón, el feudalismo, el cristianismo católico, la caballería (“bravura alemana, salvaje en su origen, pero domesticada por el cristianismo”), etc., son fenómenos no circunscritos a la Alemania geográfica de entonces sino extendidos a toda Europa. Hegel, no hay que olvidar, usa un sentido de ‘germánico’ que claramente deriva de A. W. Schlegel. Y todavía para mediados de siglo, Joseph Görres podía pensar que el estilo gótico era el estilo alemán (a pesar de que la investigación más seria había revelado la falsedad del origen germánico del gótico), el símbolo de las aspiraciones metafísicas del alma germánica. En una palabra, el gótico seguía siendo un símbolo de la unidad alemana no realizada aún, acaso un pretexto para el chauvinismo teutón. Ese sentido ni siquiera se había perdido para los ochenta, los años en que se consagró la catedral de Colonia ya terminada.» (Tollinchi 1989: 692-693)

Los hermanos Schlegel tuvieron un papel relevante en la acuñación del concepto Siglo de Oro español. Ellos han puesto en moda en la Europa romántica la literatura clásica española. Su rechazo de la literatura clasicista francesa y su interés por el estudio de las literaturas nacionales, la conversión de Federico Schlegel al catolicismo y su difusión de las ideas teocéntricas, sus ideas estéticas sobre el romanticismo, todo esto fomentó en ellos una inquietud por las literatura española, especialmente por el Siglo de Oro, principio del hispanismo confesional en el mundo. Tanto Augusto Guillermo en sus dos tomos del Curso de literatura dramática (1809-1811), como Federico en su Historia de la literatura antigua y moderna (1822-1825), traducidos al francés en 1829, muestran una clara inclinación hacia al Barroco español (siglo XVII).

«Schlegel seguía las ideas de Johann Gottfried Herder, para quien tanto las lenguas como las literaturas eran “nacionales”, es decir, expresaban una determinada manera de ser y de concebir la realidad por parte de un pueblo. Y no solo incluían todos ellos a España como una de las más indiscutibles naciones o “formas de ser” del mundo europeo, sino que consideraban al espíritu nacional español, tal como había quedado codificado en la obra de Calderón, como el que más se ajustaba al nuevo gusto romántico, al estar dominada su literatura por los valores heroicos, caballerescos, religiosos y monárquicos que habían sido típicos del mundo medieval y que la Europa moderna estaba, desgraciadamente según ellos, perdiendo. Estos románticos alemanes creían que España había demostrado ya su fuerte personalidad y gran creatividad literaria en plena Edad Media, con el Cantar de Mío Cid, y había alcanzado su culminación con la poesía y el teatro del Siglo de Oro. Esa creatividad había decaído a lo largo del siglo XVIII, cuando el afrancesamiento de la corte española hizo que los poetas y dramaturgos se alejaran de Calderón y siguieran las rígidas reglas neoclásicas, ancladas en la visión pagana del mundo propia de Grecia y Roma antiguas que había desterrado el racionalismo ilustrado francés. Según esta interpretación, el siglo XVIII habría sido esencialmente antiespañol. Todo el racionalismo ilustrado, la filosofía del progreso, los valores culturales y políticos del mundo moderno, eran, en último extremo, incompatibles con el mundo mental y la forma de ser de los españoles.» (Álvarez Junco 2001: 384-385)

Ludwig Tieck (1773–1853)

Estudió historia, filología y literatura en las universidades de Halle (1792), Gotinga (1792-3 y 1793-4) y Erlangen (1793). En Berlín empezó a escribir novelas de aventuras. Fue amigo de Wilhelm Heinrich Wackenroder, de los hermanos Schlegel; tuvo trato asiduo con el poeta Novalis, de quien fue editor, con los filósofos Fichte y Schelling y con los hermanos Bettina y Clemens Brentano. Pronto se afilió al nuevo movimiento romántico y fue confundador con los Schlegel la revista Das Athenäum, uno de los principales impulsores del Romanticismo alemán.

Para algunos Tieck es el “primer romántico”, mientras que para otros este título le corresponde a Novalis. Fue crítico como los Schlegel, pero sin su profundidad. Se distinguió más bien por su ingenio. Escribió dramas, comedias, cuentos, novelas y poesías, todo con talento, aunque sin el sello del genio. Su movilidad de espíritu le llevaba con facilidad a asimilar cuantas ideas estaban en moda, así obedeció a diversas inspiraciones y tendencias según las distintas épocas de su vida.

Sus Fantasías acerca del Arte, y Viajes de Franz Sternbald muestran un delicado sentimiento artístico, poético y panteísta. En 1796 publicó, junto con  Wilhelm Heinrich Wackenroder, Desahogos de un fraile amante del arte  (Herzensergiessungen eines kunstliebenden Klosterbruders), ensayos sobre teoría del arte. Expresó sus entusiasmos por la Edad Media en Barba Azul, Los cuatros hijos de Aymon y el drama sobre Genoveva de Brabante. Se atribuye a Tieck uno de los primeros relatos de vampiros del Romanticismo en la historia de la literatura: No despertéis a los muertos (1800).

Tieck desenterró también obras antiguas de los teatros alemán e inglés, y es autor de una traducción del Quijote que ha sido calificada de maestra.

Georg Friedrich Philipp Freiherr von Hardenberg, Novalis (1772-1801)

En la universidad de Jena asistió a los cursos de historia de Schiller y conoció a Fichte, cuya filosofía idealista gravita sobre toda su obra. En Leipzig conoció a los hermanos Friedrich y August Wilhelm von Schlegel, colaboró en su revista la Athenaeum, una de las primeras manifestaciones del Romanticismo.

La muerte de su prometida, la jovencísima Sophie von Kühn, a causa de la tuberculosis (1797), le afectó profundamente. En sus Himnos a la noche (Hymnen an die Nacht, 1800), colección de poemas en prosa y verso, inspirados en los Pensamientos nocturnos de Young, canta la pérdida de la mujer amada. El poeta exalta la noche, identificada con la muerte, como el paso hacia la «vida verdadera», un renacimiento místico en la persona de Dios, donde sería posible el reencuentro con su amada y con el conjunto del universo.

Los Fragmentos, compuestos entre 1795 y 1800, comprenden una serie de apuntes, aforismos y comentarios breves sobre Filosofía, Estética y Literatura, en los que expresa las principales inquietudes y concepciones teóricas del Romanticismo. La angustia del poeta es provocada por la fractura que separa al sujeto del objeto, dentro de los estrechos límites fijados por el kantianismo: la mediación conceptual falsea la unidad esencial de la vida, de la que participa el poeta, sin poder asirla ni expresarla jamás. El papel asignado al arte se acerca al de la religión, por cuanto tiene la misión de hacer visible aquella intuición absoluta. Los discípulos de Sais (Die Lehrlinge zu Sais) presenta una visión alegórica de la naturaleza. En esta novela inconclusa, el discípulo que busca revelaciones en el mundo circundante las encontrará al fin en su propio fuero íntimo, en el retorno a sí mismo.

También la novela inacabada Enrique de Ofterdingen (Heinrich von Ofterdingen) se convirtió en paradigma del Romanticismo. Novela de aprendizaje (Bildungsroman), el autor proyecta en ella las obsesiones que guiaron su propia vida. Novalis crea el símbolo romántico por antonomasia: la flor azul, símbolo de lo nunca alcanzado y siempre anhelado, símbolo del amor y de la poesía. La flor azul es el símbolo de la esencia del arte como reconciliación entre mundo interior y exterior, es decir, como realización del concepto en lo concreto. El propósito del poeta parece haber sido buscar la fusión de poesía, filosofía y ciencias naturales, contemplándolas desde un punto de vista eminentemente religioso y elevándolas a un vago misticismo.

En el ensayo La Cristiandad o Europa (Die Christenheit oder Europa), Novalis expresa toda la nostalgia romántica por la pérdida unidad de la Europa cristiana medieval, en una exaltación de la fe cristiana. Otra de sus obras que han ganado con el paso del tiempo son sus Cánticos espirituales (Geistliche Lieder). Están hechos también con una expresión más íntima, sencilla y rítmica, y fueron escritos para ser cantados. Cristo aparece en ellos como símbolo de la unidad entre poesía y religión.

Nada hay imposible para los hombres: poder es querer. Toda creencia es maravillosa. El genio debe ser total. El sentimiento moral es sentimiento de la potencia de crear, de la libertad productora, de la personalidad infinita, de la divinidad en nosotros (idealismo mágico). En la poesía la espiritualidad de la naturaleza se ha patentizado con su mayor claridad.

De Novalis dijo el mordaz Heinrich Heine que sus escritos eran rayos de luna rellenos de paja, como se hace con los animales muertos cuya forma se quiere conservar. Con la moderna reacción idealista que siguió al realismo, se volvió a apreciar su obra.

SEGUNDA ESCUELA ROMÁNTICA - DIE HOCHROMANTIK (1806-1814)

La segunda escuela romántica está representada principalmente por Achim von Arnim, Bettina von Arnim, Clemens Maria Brentano, Joseph von Görres, los hermanos Jacob und Wilhelm Grimm, etc.

El Sacro Imperio Romano (Heiliges Römisches Reich o Sacrum Romanum Imperium), fundado por Carlomagno en el 800, había pasado a denominarse Sacro Imperio Romano de la Nación Alemana (Heiliges Römisches Reich Deutscher Nation o Imperium Romanum Sacrum Nationis Germanicæ) tras la Dieta de Colonia, en 1512.  El 6 de agosto de 1806, el Imperio desaparece formalmente cuando el Emperador Francisco I de Austria, a consecuencia de la derrota militar a manos del ejército de Napoleón, decretó la supresión del Sacro Imperio para impedir que Napoleón se apropiara del título. Los sucesores de Francisco I continuaron titulándose emperadores de Austria hasta 1918.

En 1806, Napoleón derrota al ejército prusiano en la batalla de Jena, los principados alemanes son incapaces de resistir el embate francés. La Paz de Tilsit (1807) con Rusia establece dos áreas de influencia: Oriente para Rusia y Occidente para Francia. Disuelto el Sacro Imperio Romano Germánico, se crea la Confederación del Rin y se reduce enormemente el territorio de Prusia. La ocupación de parte del territorio de Prusia (incluida Berlín) por Napoleón provoca el resurgimiento de un nacionalismo germánico antifrancés.

Tras la desaparición del Imperio, los románticos se propusieron un nuevo objetivo: concentrarse en todo lo que había significado: esplendor imperial, caballería, arte gótico y devoción cristiana. Con la vuelta al pasado se buscaba fomentar en el pueblo el sentimiento de unidad para contrarrestar el influjo francés, desenterrando toda la tradición popular: leyendas, cuentos populares, canciones.

Ludwig Joachim von Arnim (1781-1831)

Ludwig Joachim von Arnim, más conocido como Achim von Arnim fue novelista y poeta. Formó parte del Cenáculo romántico de Heidelberg, junto a Görres, Creuzer y Clemens Brentano que pasó a ser primero amigo y luego cuñado, al casarse con Bettina Brentano. Publicó varias tragedias, relatos, novelas, poemas, y artículos de periódico, y se le considera uno de los escritores románticos alemanes más importantes.

Se dio a conocer y adquirió renombre dando a luz, entre 1805y 1808, una colección de antiguas poesías populares, en colaboración con Brentano: Des Knaben Wunderhorn (El cuerno maravilloso del zagal / El cuerno maravilloso del muchacho / El niño del cuerno maravilloso / El cuerno mágico del dondel / La cornucopia del muchacho). Enamorado de la Edad Media y de las costumbres caballerescas, escribió después novelas en las que rendía culto a un excesivo, raro o tétrico romanticismo: La Condesa Dolores y Los guardianes de la Corona, considerada como su mejor novela.

Fundó el importante periódico romántico Diario para ermitaños (Zeitung für Einsiedler) en Heidelberg. Como cuentista adquirió reputación, tanto en el género serio como en el humorístico.

Von Arnim es también autor de la novela Isabel de Egipto, recreación libre de un supuesto amor de juventud del emperador Carlos V.

Bettina von Arnim (1785–1859)

Fue una de las más famosas figuras de mujer literata del Romanticismo. Era hermana de Brentano y se casó con Achim von Arnim. Se hizo célebre su adoración por Goethe, desde que ella tenía 14 años y el poeta 60, lo que la llevó a publicar en 1835, después de muerto Goethe, una correspondencia sostenida con él: Intercambio epistolar entre Goethe y una niña (Goethes Briefwechsel mit einem Kinde). Esta correspondencia contribuyó de forma considerable a la popularidad de Goethe entre los románticos. Algunos de estos apuntes de su correspondencia con Goethe son ficticios, pero están redactados con un estilo desenvuelto y admirablemente lúcido.

Bettina von Arnim describió una y otra vez las desigualdades sociales y políticas en Alemania en su Libro de los pobres (Armenbuch), Este libro pertenece al rey (Dies Buch gehört dem König), además de Folleto polaco (Polenbroschüre).

Tras la muerte en 1831 de su marido, el poeta Achim von Arnim, Bettina se instaló en Berlín donde se convirtió en activista de los derechos de la mujer.

Clemens Maria Brentano (1778-1842)

Católico desde los 40 años, impulsado por sus tendencias místicas y habiendo enviudado cuando era aún joven, se retiró durante largo tiempo a un convento, lo que da idea de sus tendencias y convicciones religiosas.

Escribió poesías líricas llenas de sentimiento, una tragedia titulada Ponde de León, inspirada en Calderón de la Barca, novelas campesinas y cuentos muy celebrados por su ingenua sencillez, gracia y talento.

Tuvo una formación irregular a causa de su carácter inestable. Refractario a la vocación comercial de su padre, trató de estudiar Derecho en Halle, donde conoció a Achim von Arnim (1781-1831), que será su inseparable amigo. Con él escribió Des Knaben Wunderhorn, poesías y cuentos del folklore tradicional alemán. En Jena, centro de la primera escuela romántica alemana, participó con entusiasmo en las polémicas antirracionalistas. Su Balada de Loreley figura entre las joyas de la lírica alemana.

Escribió en la revista Zeitung für Einsiedler, de Achim vo Armin, artículos que idealizaban la Edad Media. Tras quedar viudo, un nuevo matrimonio lo llevó por la calle de la amargura y buscó refugio en sus amigos. Una amiga cuya mano había pedido le indicó el posible consuelo salvador del catolicismo. Formó parte del círculo intelectual de Christoph Wieland, Herder, Goethe, Friedrich Schlegel, Fichte y Tieck.

Volvió a sus prácticas religiosas en 1817 y en 1818 se unió a la Iglesia católica e ingresó en el monasterio de Dülmen, donde vivió en clausura algunos años, como secretario de la mística Anna Katharina Emmerich (1774-1824). La última parte de su vida la pasó Brentano entre Ratisbona, Fráncfort y Múnich, como activo proselitista a favor de la Iglesia Católica, que compaginó ayudando a su cuñado Arnim en su colección de canciones populares, importante colección del folklore alemán.

Johann Joseph von Görres (1776-1848)

Fue un eminente político, publicista y literato de gran influencia. Fue uno de los principales defensores del romanticismo alemán. Se dedicó al estudio de los cuentos y leyendas medievales, como también a estudios asiáticos. También fue un ardiente defensor del catolicismo y de la tendencia mística hacia el final de su vida.

En su juventud fue entusiasta de la Revolución francesa y de las ideas por ella proclamadas. Durante una estancia en París, fue testigo del despotismo, la arbitrariedad y el terror que reinaba en el centro de la República. La toma del poder por Napoleón le hizo ver que la revolución caminaba por una vía falsa, apartándose de los ideales revolucionarios que habían llevado a derribar el Antiguo Régimen. Sobre todo provocó su rechazo la política bélica del emperador, la enorme pérdida de vidas humanas, la invasión y exploración de los territorios alemanes por parte de Napoleón. Al volver de Francia, se retiró de la actividad política para luchar más tarde contra los desvíos de la revolución y defender la unidad, la autodeterminación y la democratización de Alemania, pero conservando las tradiciones y la singularidad de su pasado, cuyo fundamento debería ser el cristianismo, como expone en su Alemania y la Revolución (Teutschland und die Revolution). Fue miembro de una logia masónica en Coblenza. Cuando vino la Restauración, propagó Görres medidas liberales y una solución panalemana. En 1816, el gobierno prusiano le cerró su periódico Rheinischer Merkur. Agobiado por los problemas económicos, fue dejando sus ideas liberales y acercándose a la religión, lo que le valió la concesión de una cátedra en la universidad de Múnich, donde fundó un círculo que se convertiría en el centro de la defensa política del catolicismo. En su madurez, se intensificó su interés por la mística cristiana. 

Görres contribuyó como pocos al conocimiento de la antigua literatura alemana, ensalzando la cultura popular en contraposición con la literatura refinada. Fue un férvido colaborador de Achim von Arnim y de Clemens Brentano. Es autor de una novela de propaganda católica sobre San Francisco de Asís.

Los hermanos Grimm: Jacob Grimm (1785-1863) y Wilhelm (1786-1859)

Fueron dos hermanos célebres por sus cuentos para niños y también por su Diccionario alemán, por sus Leyendas alemanas, la Gramática alemana, la Mitología alemana y Cuentos de Grimm, lo que les ha valido ser reconocidos como fundadores de la filología alemana.

Entre 1812 y 1815, publicaron los dos volúmenes de cuentos: Kinder- und Hausmärchen (Cuentos para la infancia y el hogar), colección que fue ampliada en 1857 y que hoy se conoce como Cuentos de hadas de los hermanos Grimm. Su extraordinaria difusión ha contribuido decisivamente a divulgar cuentos como Blancanieves, La Cenicienta, Hänsel y Gretel o Juan sin miedo. Un aspecto controvertido de este éxito es que en muchos lugares su versión escrita ha desplazado casi por completo a las que seguían vivas en la tradición oral local. La presencia en algunos de ellos de personajes fantásticos como hadas y otros seres imaginarios será una de las señas de identidad del Romanticismo alemán de segunda generación.

Sus estudios de la lengua alemana son pieza importante del posterior desarrollo del estudio lingüístico, aunque sus teorías sobre el origen divino del lenguaje carecen ya de actualidad. En lingüística, formularen la famosa Ley de Grimm (Erste Deutsche Germanische Lautverschiebung), fenómeno de la evolución del germánico y el armenio (siglo I a.C.): el conjunto de los fonemas oclusivos sordos y sonoros heredados del indoeuropeo se transformó por completo conservando el punto de articulación pero alterando el modo.

Además de sus cuentos de hadas, los Grimm también son conocidos por su Diccionario alemán (Deutsches Wörterbuch) en 33 tomos, que es el máximo diccionario de la lengua alemana. Lo comenzaron a elaborar en 1838, en 1838 se publicó el primer volumen y la obra se finalizó en 1960. El diccionario contiene etimologías y ejemplos de uso del léxico alemán.

También publicaron una selección comentada de romances españoles titulada Silva de romances viejos.

ROMANTICISMO TARDÍO - DIE SPÄTROMANTIK (1815-1835)

Joseph von Eichendorff, Adalbert von chamizo, E.T.A. Hoffmann, , Friedrich de la Motte Fouqué.

Joseph Karl Benedikt Freiherr von Eichendorff (1788-1857)

Este poeta y novelista, llamado el «cantor del bosque alemán», es uno de los petas más importantes del romanticismo alemán y tuvo gran influencia en la educación del sentimiento popular del paisaje. Miembro del círculo de los hermanos Schlegel y amigo de Achim von Arnim y Clemens Brentano, se convirtió en el creador poético del paisaje romántico alemán. Compositores de la talla de Robert Schumann, Felix Mendelssohn-Bartholdy, Johannes Brahms, Hugo Wolf, Richard Strauss, Friedrich Nietzsche, Hans Pfitzner o Alexander von Zemlinsky pusieron música a sus Lieder.

A Eichendorff se le ha llamado el último caballero del romanticismo alemán por sus vagos y melancólicos anhelos, pero supera a sus compañeros románticos por lo hondo y real de su sensibilidad, por la delicadeza y bella desnudez de sus poesías sin falsos adornos, por ser poeta y artista hasta en prosa. Eichendorff llegó a ser uno de los narradores alemanes  más leídos de todos los tiempos.

En 1826, publica su novela corta De la vida de un inútil (Aus dem Leben eines Taugenichts) en la que narra episodios de la vida de un hombre inútil cuyo mayor placer consiste en estar tendido contemplando el cielo. Esta novela ha sido traducida al español de muchas maneras: Episodios de la vida de un tunante / De la vida de un ocioso / Vida de un vagabundo aventurero. En 2010, Úrsula Toberer optó por un título más adecuado al original alemán: De la vida de un inútil, traduciendo «Taugenichts» por ‘inútil’, ‘persona que no sirve para nada’, ya que «taugen» en alemán significa ‘servir’, ‘ser útil’, y «nichts» significa ‘nada’. Este joven “inútil” vaga por el mundo acompañado de su violín nos da una visión picaresca de la vida de su tiempo y hace, al mismo tiempo, un alegato en defensa del hombre libre y feliz.

Su mérito como poeta está en la finura con que sabe unir en el poema las imágenes, la sonoridad y el ritmo. Con lenguaje y rima muy afines a la canción popular, consigue un intenso efecto poético. Si bien su obra se sitúa en las postrimerías del Romanticismo, en ella se expresa el alma de la naturaleza con las vibraciones más profundas. Sobre todas las cosas se extiende la paz interior del sentimiento cristiano, para el que lo temporal es manifestación de lo eterno, estando todas las cosas sumergidas en Dios.

Adelbert von Chamisso de Boncourt (1781-1838)

Es francés de nacimiento y se llamana Louis Charles Adélaïde de Chamissot, pero sus padres tuvieron que emigrar de Francia y le llevaron de niño a Alemania, donde aprendió alemán como si fuera su propio idioma.

Fue hombre científico, muy distinguido como naturalista, al par que literato. Sus versos y su prosa le han dado más fama que sus estudios científicos.

En 1812, escribió La maravillosa historia de Peter Schlemihl (Peter Schlemihl wunderbare Geschichte), historia de un hombre que perdió su sombra y que viaja por el mundo para recobrarla. Es su obra más célebre y fue traducida a numerosas lenguas. Chamisso la escribió para distraerse y divertir a los niños de su amigo Ferdinand Hitzig (1807-1875), pero la obra tiene el mérito principal de ser como una encubierta poesía impregnada en la nostalgia de la patria perdida por el autor, en sentirse inadaptado entre ella y la nuevamente adquirida, y esto lo convierto en un cuento para adultos y no para niños. En El castillo de Boncourt canta recuerdos de su niñez transcurrida en su casa solariega de Francia.

Entre sus obras literarias destaca también su Antología (1831), poemas líricos de gran pureza idiomática. Algunos Lieder de Robert Schumann tienen como texto poemas de Chamisso.

E. T. A. Hoffmann (1776-1822)

Ernest Theodor Amadeus Hoffmann fue escritor, jurista, pintor, cantante (tenor) y compositor, que participó activamente en el movimiento romántico alemán.

En sus relatos como Gator Murr (Kater Murr) y El hombre de arena (Der Sandmann) empleó la ironía romántica de forma psicológica, con lo que extendió una poética moderna que ya no estaba basada en el idealismo. La narración fantástica se convierte en uno de los géneros preferidos del Romanticismo, con su mezcla de terror y horror. Cuentos fantásticos como Piezas de fantasía, El elixir del diablo, Opiniones sobre la vida del gato Murr o Cascanueces y el rey de las ratas combinan la descripción realista y la visión fantástica.

El puchero de oro (Der goldene Topf), de 1813, se considera como el cuento artísticamente más perfecto de Hoffmann. En este largo relato la acción se mueve entre la vida cotidiana con sus exigencias y ansias mezquinas y la fantasía con sus ideales imperecederos y su visión de un futuro en el cual se unirán el amor y la fantasía, en tanto que el espíritu triunfará al lado del sentimiento.

Hoffmann llevó a su culminación las posibilidades del relato romántico justamente con su técnica de vincular sucesos ordinarios con los aspectos nocturnos de la existencia. Llevó la ironía romántica a su apogeo.

En sus narraciones y novelas se encuentra el tema del doble (Doppelgänger) y el de la irrupción de los extraordinaria en la vida diaria. Con Hoffman comienzan los relatos criminales. Su influjo se hace sentir en la literatura americana, rusa y francesa.

Otros autores

A esta misma época romántica pertenece un grupo de notables poetas que siguiendo aquella tendencia, ya disienten y se separan de ella. Se distinguen por su fuerte carácter patriótico.

Nikolaus Lenau (1802-1850)

Lenau es seudónimo de Nikolaus Franz Niembsch Edler von Strehlenau, es considerado el más grande poeta lírico moderno de Austria y un representante típico del pesimismo en la literatura alemana, del Weltschmerz (desengaño del mundo), que en la literatura europea comenzó con los escritos Lord Byron y tuvo su culminación con Giacomo Leopardi.

Ernst Moritz Arndt (1769-1860)

Es, principalmente, poeta patriótico con sus Cantos de guerra, populares entre los soldados alemanes de su época. También cultivo la nota sentimental, dejando escritos filosóficos, políticos e históricos, así como novelas de tendencia política muy marcada.

Fu ideólogo y propagandista del nacionalismo alemán e impulsó la construcción de monumentos conmemorativos frente a los cuales pudieran llevarse a cabo celebraciones nacionales, sugiriendo como estilo apropiado la fusión de elementos de la antigüedad clásica, del medievo, del paganismo germano y egipcios. Formado en el pietismo dieciochesco, creía también que era necesario un vínculo de dichas festividades con el culto cristiano.

Theodor Körner (1791-1813)

Luchó por la independencia del país, empuñando ya la lira, ya la espada. Con sus cantos inflamó el entusiasmo en sus compañeros. La lira y la espada es el título de sus poesías patrióticas.

Friedrich Rückert (1788-1866)

Catedrático de orientalística en Erlangen y Berlín, fue un típico representante del Romanticismo tardío del Biedermeier. Buscó su inspiración en la misma fuente patriótica que Corner. Son famosos sus Sonetos con armadura (Geharnischte Sonette), aunque es autor también de otras series de poesías, como Corona del Tiempo y La sabiduría de los brahmanes, con fondo filosófico y social. Siguiendo a Goethe, aportó a la literatura alemana el elemento oriental.

Algunas de sus composiciones sentimentales entraron en la tradición popular (Del tiempo de juventud) o pasaron a formar parte del repertorio de la canción artística romántica (Eres el sosiego). También sus baladas (Barbarossa) y cuentos infantiles (Del arbolito que quería otras hojas) se mantuvieron bastante en los libros de lectura.

Ludwig Uhland (1787-1862)

Tiene cierta conexió con Arndt, Corner y Rückert por su tendencia patriótica y su anhelo de ver una Alemania grande y unida, pero su tendencia era más sobria, honda y serena. Sus Lieder van desde lo más sencillo e ingenuo hasta lo más serio y trascendental. Su reputación se la deba a sus magistrales baladas, como dramas en miniatura: La dicha de Edenhall, La maldición del cantor, El buen camarada, El rey ciego, El viaje por mar del rey Carlos.

“La Edad Media le interesaba lo mismo en Alemania que fuera de ella. Por este amor, por el de la naturaleza y el de la poesía popular, guardó conexión con el romanticismo del cual procedía; pero se diferencia de él por el equilibrio de sus facultades, por su varonil sencillez y sinceridad, por la mezcla de lo real y de lo ideal, por su honda raigambre en la tierra.” (Ramón D. Perés: Historia Universal de la Literatura. Barcelona: Ramón Sopena, 1969, p. 709)

POSROMANTICISMO

Heinrich Heine (1797–1856)

Heinrich Heine, llamado el “último romántico” porque estuvo afiliado al romanticismo en su juventud, pero con sus sarcasmos y su actitud irónica frente al movimiento romántico contribuyó a hundirlo después. Por esto y por sus temas posiblemente debiera estar incluido en el primer Realismo. Heine es el mayor cúmulo que se ha visto de cualidades contradictorias. De él se ha dicho que fue “un ruiseñor que ha hecho su nido en la peluca de Voltaire”.

Judío exiliado de Alemania, cantó su relación de amor y odio con su patria en el largo poema satírico Alemania, un cuento de invierno. Su libro de canciones se hizo muy popular, pero es sobre todo un gran prosista: se ganaba la vida con crónicas periodísticas de ternas sociopolíticos.

“Judío alemán no dejó de serlo del todo, aun contra su aparente voluntad al abrazar el protestantismo, y francés logró parecerlo bien poco tiempo después de emigrar voluntariamente a París, a los 31 años, descontento de su tierra. Francia recibióle con los brazos abiertos, y él correspondió a la admiración de que era objeto, no solo con su cariño, que duró ya hasta la muerte, sino escribiendo en impecable prosa francesa y dando de ella a su segunda patria una edición de sus obras completas, que no ha contribuido poco, por cierto, a su gloria universal de poeta y de satírico. Son estas sus dos principales cualidades, que a muchos parecen inseparables. Pero lo que Heine fue, por encima de todo, es un gran poeta lírico, el mayor de la literatura alemana después de Goethe, en este concepto y con él uno de los pocos fundadores de la poesía moderna, que supo hallar en su estudio de la canción popular alemana, en lo que tienen de mejor y más hondo los clásicos y en la Biblia, que desde niño estaba acostumbrado a leer; es decir, en las fuentes de la poesía pura que, como Venus, no necesita más adornos que su propia y natural belleza.” (Ramón D. Perés, o. cit., p. 709-710)

CONTEXTO SOCIOPOLÍTICO DEL ROMANTICISMO ALEMÁN

En Alemania el ideal clásico no se había realizado de manera tan pura como en Francia. La idea clásica de la cultura seguía siendo en Alemania válida para el Romanticismo. En Alemania, la idea clásica de la cultura tuvo siempre un carácter relativamente romántico.

«La evolución política del Romanticismo en Alemania desde el liberalismo al monarquismo conservador, la evolución en Francia en dirección opuesta, y el desarrollo en Inglaterra hacia una forma probablemente más complicada, vacilante entre Revolución y Restauración, pero correspondiente en general al sentido de la evolución francesa, fueron posibles solo porque el Romanticismo tenía también con la Revolución una relación ambigua y estaba preparado en cualquier momento para cambiar su actitud primera. El clasicismo alemán simpatizó con las ideas de la Revolución francesa, y esta inclinación se hizo más profunda en el Romanticismo alemán, que, como advirtieron ya Haym y Dilthey, no fue nunca apolítico. Pero solo durante las guerras napoleónicas consiguieron las clases dominantes ganar a los románticos para la reacción. Hasta la invasión de Alemania por Napoleón las fuerzas conservadoras se sintieron completamente seguras y eran a su manera “ilustradas” y tolerantes; pero ahora, cuando con el victorioso ejército francés amenazaban difundirse al mismo tiempo los logros de la Revolución francesa, se dedicaron a someter todo liberalismo y combatieron en Napoleón ante todo al exponente de la Revolución. La gente realmente progresista y de ideas independientes, como Goethe, no se dejaron, naturalmente, engañar por la propaganda antinapoleónica; pero constituían dentro de la burguesía y la intelectualidad una minoría en desaparición. El espíritu revolucionario tuvo siempre en Alemania carácter distinto al de Francia. El entusiasmo de los poetas alemanas por la Revolución era una actitud abstracta, deformadora de la realidad, que correspondía a los auténticos sucesos tan escasamente como la distraída tolerancia de las clases dominantes. Los poetas se imaginaron la Revolución como un gran discurso filosófico, y los detentadores del poder la consideraron, a su vez, como una comedia que, en su opinión, nunca podría convertirse en realidad en Alemania. Esta incomprensión explica el cambio completo que sufrió la nación entera a partir de las guerras de liberación. El cambio de opinión de Fichte, republicano y racionalista, que de repente ve el período de la Revolución como la época de la “absoluta pecaminosidad”, es extremadamente típico. La romantización inicial de la Revolución tiene ahora como consecuencia la más vigorosa repulsa y da por resultado la identificación del Romanticismo con la Restauración. Cuando el movimiento romántico alcanza en Occidente su fase auténticamente revolucionaria y creadora, no había ya en Alemania un solo romántico que no se hubiera pasado al campo conservador y legitimista.» (Hauser 1968: 370-371)

Los liberales del siglo XIX identificaban el Romanticismo con la Restauración y la reacción, lo que solo sería aplicable al romanticismo alemán. Fue por lo que más tarde se distinguió entre Romanticismo alemán, de tendencias reaccionarias, y Romanticismo europeo occidental, de tendencia liberal o progresista. Esta división tampoco resultaba muy clara, por lo que se empezó a hablar de dos generaciones en el Romanticismo alemán, francés e inglés. Mientras que el Romanticismo alemán evolucionó de una fase revolucionaria a una posición reaccionaria, el Romanticismo europeo occidental pasó de una posición conservadora y monárquica a una actitud liberal. Pero este planteamiento tampoco era muy exacto.

«Lo característico del movimiento romántico no era que representara una concepción del mundo revolucionaria o antirrevolucionaria, progresista o reaccionaria, sino el que alcanzara uno u otra posición por un camino caprichoso, irracional y nada dialéctico. Su entusiasmo revolucionario era tan ajeno a la realidad como su conservadurismo, y su exaltación por la “Revolución, Fichte, y el Wilhelm Meister, de Goethe”, tan ingenua y tan lejana de la apreciación de las fuerzas verdaderas que mueven los acontecimientos de la historia como su frenética devoción por la Iglesia, el trono, la caballería y el feudalismo. [...] Había por todas partes un Romanticismo de la Revolución como había otro de la Contrarrevolución y la Restauración. [...] Federico Schlegel era un romántico tanto en su juventud, con su fervor y entusiasmo por Fichte, Wilhelm Meister y la Revolución, como en su edad madura, cuando se entusiasmaba por Metternich y la Santa Alianza. Pero Metternich no era un romántico a pesar de su conservadurismo y de su tradicionalismo; dejó que los literatos consolidasen los mitos del historicismo, el legitimismo y el clericalismo. [...] El romántico, a pesar de toda su estimación del pasado, no juzga su propio momento ni de manera histórica ni dialéctica.» (Hauser 1968: 347-348)

La fuga hacia el pasado lleva al irrealismo y el ilusionismo románticos; la fuga hacia el futuro, a la utopía. La experiencia romántica de la Historia expresa más bien un miedo morboso al presente y un intento de fuga hacia un pasado con el que se identifica. No obstante, al Romanticismo debemos el descubrimiento del “sentido histórico”: se comienza a sentir la naturaleza humana y la sociedad como evolucionista y dinámica. La cultura es un eterno fluir, la vida espiritual es un proceso, somos lo que somos porque tenemos detrás un curso vital. Las instituciones políticas, el derecho, el lenguaje, la religión y el arte son comprensibles solo desde la historia. Esto llevó a cierto misticismo histórico.

«Con el arte hermenéutico del Romanticismo, con su visión para las afinidades históricas y su sensibilidad para lo problemático y lo discutible en la historia, sin embargo, hemos heredado también su misticismo histórico, su personificación y mitologización de las fuerzas históricas; en otras palabras, la idea de que los fenómenos históricos no son sino funciones, manifestaciones y encarnaciones de principios independientes. [...] La historia aparece como una esfera dominada por fuerzas anónimas, como un substrato de ideas más altas, las cuales en los fenómenos históricos individuales se expresan solo de manera imperfecta. Y esta metafísica platónica encuentra expresión no solo en las teorías románticas, pasadas ya de moda, del espíritu popular, la épica popular, las literaturas nacionales y el arte cristiano, sino también todavía en el concepto de la “intención artística” (Kunstwollen).» (Hauser 1968: 355)

La historia se convierte en refugio de los defraudados en sus esperanzas y burlados en sus derechos. La Revolución y la Ilustración habían alentado al individuo con exageradas esperanzas, garantizándole el dominio ilimitado de la razón. Los escritores eran en el siglo XVIII los guías intelectuales, el elemento reformador y progresista. Pero la evolución que tomaron los acontecimientos tras la Revolución, les hizo responsables de la frustración general, perdieron toda influencia y se refugiaron en el pasado: lugar en el que se cumplían todos sus deseos y sueños. Los románticos buscan la lejanía y lo desconocido, la carencia de patria les lleva a el “afán de estar en el hogar en todas partes” (Novalis), a la nostalgia “de aquella tierra natal que está en todas partes y en ninguna”: caminar sin meta ni fin. Para Novalis todo se vuelve romántico y poético “si se pone en la lejanía”. El arte no es otra cosa que autosugestión (“ironía romántica”).

El periodo postrevolucionario fue una época de decepción general. A todos les parecía que el presente se había vuelto insípido y vacío. La intelectualidad se aisló más cada vez del resto de la sociedad y los elementos intelectualmente productores vivían ya su propia vida.

Para Rüdiger Safranski el Romanticismo alemán fue una ‘aventura romántica’ (Romantik. Eine deutsche Affäre) que se inicia cuando surge el afán de romper limitaciones sociales para vivir la vida de manera plena. Comienza con el entusiasmo por la revolución francesa, sufre un desengaño con el Congreso de Viena, que supone una cesura e impone el realismo, se apaga la radicalidad romántica con los movimientos sociales que no quieren más sueños sino realidades, vuelve a resurgir a finales del XIX y es radicalizado en sentido racial por el nacionalsocialismo en el siglo XX:

La primera generación en la que prendió la sensibilidad romántica estaba entusiasmada con la Revolución. Compartían con los que tomaron la Bastilla el desafío de luchar por la libertad, sólo que para los románticos esa libertad no era sólo política sino también interior. Cuando llegó la época del Terror, se distanciaron de Francia, ya que rechazaban la idea de Robespierre de considerar a todos por igual.

La escuela romántica recibió esta denominación hacia el año 1800. Se entiende con semejante nombre el movimiento congregado en torno a los hermanos Schlegel, que tomó conciencia de sí y a veces cuerpo doctrinal en su revista Athenäum, de duración tan breve como vehemente. Formaron también parte de ese núcleo autores como Novalis, Schelling, Fichte. Es importante que intentaron llevar a la vida sus ideas y que formaron una comunidad. Se consideran un grupo y tuvieron una enorme influencia en el ámbito cultural.

Lo que los románticos hacen en un primer momento es afirmar de manera radical la fuerza de la imaginación. También reivindican al individuo. Procuran ser revolucionarios y no rechazan lo experimental. Querían cambiar la realidad y, al mismo tiempo, cambiar la manera de comprender esa realidad. Eichendorff acuñó una imagen que define la actitud romántica: una noche oscura en la que irrumpe un fuego artificial, que ilumina las estrellas, que caen entonces y vuelve la noche.

Todo acabó en el Congreso de Viena, en la que se reorganizan las fronteras de Europa tras la derrota de Napoleón. También podría servir la muerte de Goethe. La actitud romántica sufre una clara cesura y se impone el realismo. La industrialización moviliza a la gente hacia la política y se apaga la radicalidad romántica, que volverá a surgir a finales del XIX.

El nazismo se apoderó de elementos románticos, pero consideraban el movimiento cosa de blandengues. Para su proyecto de dominio se basaron más bien en las ideas racistas del darvinismo social. No es bueno que la propuesta del romanticismo entre en la esfera pragmática de la política: suele desencadenar grandes desastres.” (Safranski 2009)

ESPAÑA Y ALEMANIA – INFLUENCIAS

«Debido a la poca familiaridad con el idioma y consiguiente falta de traducciones, Alemania influyó en España menos de lo esperable. Aunque Alcalá Galiano, en el prólogo a El moro expósito, pone certeramente la cuna del romanticismo en aquella nación, los escritores alemanes o no llegaron o llegaron tarde y de modo indirecto a la península. Böhl de Faber introdujo las ideas de los hermanos Schlegel, pero jamás logró que se tradujera una obra suya.» (Navas-Ruiz 1973: 67)

Los Schlegel, sobre todo Wilhelm, sí influyeron en el curso de la crítica española. Los autores españoles se refieren a las nuevas teorías germánicas acerca de una estética nacional. En el Discurso de Durán son evidentes sus ideas en la distinción entre cultura clásica y romántica. Goethe fue muy poco conocido durante el romanticismo y apenas aparece citado en las revistas. Schiller fue comentado en el semanario El Europeo (1823-1824) por su teoría estética y su Don Carlos modeló la imagen literaria de Felipe II. E. T. A. Hoffmann es citado en las revistas, pero solo es traducido en 1837. Su influencia solo alcanza a las últimas promociones románticas, patente en algunas leyendas de Zorrilla.

«España, por su parte, siempre interesó a Alemania, interés que aumentó desde mediados del siglo XVIII en reacción contra la presencia casi exclusiva de Francia. Ya Ephraim Lessing, en su Dramaturgia (1767), se atrevió a defender el teatro español. Johan Andreas Dieze tradujo con el título de Geschichte der Spanischen Dichtkunst (1769) los Orígenes de la poesía castellana (1754), de José Luis Velázquez, añadiendo observaciones personales. Contribuyó notablemente al conocimiento de la literatura española el tomo consagrado a España de Bouterwerk en Geschichte der Poesie und Beredsamkeit seit dem Ende des dreizehnten Jahrhunderts (1801-1809).

Lo mismo que en Inglaterra, interesó mucho el romancero; Goethe le dedicó muchos elogios y Hegel en su Estética lo comparó con la épica griega. En consonancia se imprimieron numerosas colecciones de romances. [...]

La mejor adaptación alemana del romancero español pasa por ser El Cid (1803-1805), de Johann G. Herder, que encontró en la épica española argumentos para sus doctrinas de exaltación popular. Al lado del romancero, gozó de gran popularidad Cervantes. Su Numancia se representaba con éxito a comienzos del siglo, viéndose en ella una protesta contra Napoleón. Pero, como era lógico, el Quijote polarizó todas las atenciones; fueron los románticos alemanes los primeros en elaborar lo que podría llamarse una interpretación trascendental de la inmortal novela.

Ludwid Tieck, que hizo la mejor traducción conocida, consideraba el Quijote un enigma y un símbolo de eternidad. Para Friedrich Schlegel era la mejor representación de España y sobresalía sobre todas las otras creaciones literarias por su ironía. Friedrich Schelling veía encarnada en él la lucha moderna entre realidad e idealismo, entre el yo y el mundo. Un tercer punto de interés para los alemanes lo constituyó el teatro. La revalorización definitiva del mismo fue obra de los Schlegel.

Wilhelm, en sus Lecciones de literatura estableció la semejanza entre el teatro inglés y el español; comparó Calderón a Shakespeare y precisó la doctrina de un arte nacional. Friedrich, en su Historia de la literatura antigua y moderna (1815) se encargó de la defensa de la poesía y del espíritu caballeresco de España. No fue menos generoso con Calderón que su hermano y llegó a escribir una tragedia, Alarcos (1802), basada en el romance del conde Alarcos.» (Navas-Ruiz 1973: 68-69)

Al conocimiento de España contribuyeron también los viajes de personaje distinguidos. Entre 1798 y 1799 estuvo Alexander von Humboldt, y entre 1799 y 1801, Wilhelm von Humboldt, que compuso una monografía fundamental sobre los vascos. Más tarde visita España A. F. von Schack, uno de los mejores conocedores del teatro español.

Influencias de la literatura española en escritores alemanes se perciben en Schiller, Tieck, Franz Grillparzer y en el mismo Goethe (Clavigo y Egmont). Goethe estimó mucho a Calderón de la Barca y a Cervantes. Las Novelas ejemplares del autor español inspiraron algunos cuentos de Goethe, y el Quijote, la concepción de Werther.

«El estallido de entusiasmo político-patriótico y la admiración por la porfiada resistencia de los españoles a la invasión francesa en 1808 coincide en Alemania con la media vuelta hacia España que se está operando en concomitancia con el redescubrimiento de la literatura española, encabezada por sus próceres Cervantes y Calderón, y la expectativa unida con este viraje de cánones poéticos o estéticos de que se produzca una renovación cultural. La lucha antinapoleónica por la libertad contra los “französische Überziehungskriege”, término que Ernst Moritz Arndt usó para las guerras de coalición y las correspondientes invasiones, había resucitado el nombre de España “aus einer gewissen Vergessenheit” reparándolo en Europa.

En un cambio brusco de la mentalidad España se va transformando de un “pueblo de pigmeos” o de “eine wahre Null” (Kaufhold) en “uno de los más nobles del mundo, en un “pueblo mítico” o en una absoluta necesidad, “ein Muss” al decir categórico de Ernst Moritz Arndt. La revalidación radical produce una mudanza de los estereotipos sobre España y los españoles vigentes hasta ahora en Alemania. Esta alteración es condicionada por circunstancias bélicas, en particular la sublevación del Dos de Mayo de 1808, que sugieren una aparente congruencia de valores morales, intereses políticos y metas comunes después de la desintegración (1806) del Sacro Imperio Romano. Lo que falta, sin embargo, ahora como antes en los territorios alemanes son los conocimientos sólidos de la historia y cultura españolas en general para poder enjuiciar la situación ya confusa en sí y también obtener noticias más detalladas sobre los eventos. [...]

En el Romanticismo alemán el concepto de España se plasma a diferentes niveles interactivos: la ficción literaria y la poesía, la naciente filología románica y la historiografía, los relatos de viaje y el periodismo sensu lato. [...]

Una secuela de la apologética militante es la recuperación de un viejo mito y tópico ideológico: el hermanamiento hispano-germano que desde Isidoro de Sevilla sirvió de argumento ambivalente para cimentar alianzas en diversas constelaciones político-dinásticas. La supuesta confraternización remonta a los visigodos (la palabra goda “visu” significa bueno, una etimología que da lugar a especulaciones sobre el carácter nacional), cuyo reino toledano perduró hasta la invasión árabe y la muerte de Rodrigo, el último godo. En el Siglo de Oro este fundamento “histórico” justificaba la dinastía de los Habsburgo en el gobierno del Imperio. Tener sangre de los godos era un título genealógico-racial de nobleza y riqueza. La valentía germana y el espíritu guerrero del español sustentan el poder de la monarquía universal. Aún en la Guerra Civil de 1936-39 la propaganda fascista celebró la “Waffenbrüderschaft” entre la España nacional y la Alemania nazi invocando los lazos comunes de la germanidad. [...]

Durante la guerra peninsular el goticismo produce también en la literatura una reanimación de leyendas y figuras nacionales de la Edad Media. Al lado del caso más notorio del Cid, que desde Johann Gottfried Herder fascina a los estudiosos, traductores y poetas, está Rodrigo, “el último godo”. [...] Mientras en España Rodrigo, el traidor, se sustituye por Pelayo, se exalta a Rodrigo en Alemania e Inglaterra. [...]

La excentricidad constituye una constante del ensayismo sobre España tanto en lo positivo, ejerciendo una fascinación irresistible, como en lo negativo motivando el rechazo y la crítica. El término ‹Absonderlichkeit› es ambivalente expresando no solo la extrañeza, sino también el aislamiento, la incomunicación. [...]

El descubrimiento romántico de España y su “otredad” revela también los conocimientos insuficientes sobre el país. Herder atribuye lo “Außerordentliche” y “Abenteuerliche” del pueblo a su herencia romana y cristiana así como a la multirracialidad y habla no sin admiración de “diesem abgeschloßnen Land der Schwärmer”. Friedrich Schlegel pone de relieve la originalidad cultural que resulta del aislamiento, pero subestima la presencia de España en el desarrollo cultural de temprana modernidad europea. [...]

Cuando en los últimos decenios del siglo XVIII y al comienzo del XIX los temas y tipos españoles invaden la literatura amena popular, el paisaje y ambiente adquieren su encanto poético-fantástico. Los límites entre realidad, mito y ensueño literario se habían diluido anteriormente en las descripciones de viajes ficticios de la literatura epistolar al estilo de las Briefe über Spanien (Halle, 1794) de Karl Grosse. [...]

A partir de 1808 surge en Alemania una avalancha de memorias de soldados, diarios de guerra, estudios sobre las campañas peninsulares. [...] La poesía patriotera de la guerra evoca igualmente los lugares históricos del heroísmo. [...] No es de extrañar que por las mismas fechas (1809) Friedrich Baron de la Motte Fouqué haya traducido al alemán la tragedia cervantina Cerco de Numancia en el metro original. Naturalmente, se alza sobre el pavés también al Cid Campeador (“Kampfheld ohne gleichen”, “Stolz seiner Nation durch Jahrhunderte”, “Mann des Schwertes”) como precursor de la lucha por la independencia expulsando al enemigo de las tierras patrias. Tampoco puede faltar en la genealogía heroica la alusión al ilustre modelo del caballero español Don Quijote, recién canonizado, cuyo valor (‹Nationalwert›) como “lebendiges und ganz episches Gemälde des spanischen Lebens und eigenthümlichen Charakters” puso de relieve Friedrich Schlegel en su curso sobre la Geschichte der alten und neuen Litteratur. [...]

Más tarde, en el período polémico de la Kulturkampf (1), la literatura sirve otra vez de prueba de la decadencia total de España como anteriormente había sido la fuente de una España fantástica. [...] Volviendo a posiciones ideológicas del siglo XVIII tal “Culturformel” propone exactamente lo contrario del retrato que antaño habían trazado los románticos en su búsqueda onírica de una España ideal.» (Briesemeister 2007: 563-580)


(1)

La década 1870-80 se caracteriza por el gran problema de consolidar el Imperio alemán tras la victoria de Sedán, librada el 1 de septiembre de 1870, durante la Guerra franco-prusiana, una impresionante victoria para los prusianos. El modo de lograrlo era prusianizar el interior y buscar alianzas externas que aislasen internacionalmente a Francia, con la finalidad de tender un puente en el camino a Viena, sin debilitar el de San Petersburgo. Esto último se consigue en la «Entente de los 3 Emperadores» de 1872.

El término alemán Kulturkampf (‘Lucha por la cultura’ o ‘combate cultural’), fue el nombre dado por Rudolf Virchow –el gran anatomopatólogo alemán– a un conflicto que opuso al canciller del Imperio alemán, Otto von Bismarck, a la Iglesia Católica y al Zentrum, partido de los católicos alemanes, entre 1871 y 1878. Ideológicamente las acciones gubernamentales tenían una base pangermanista y anticatólica que llevaron a una fuerte tensión a nivel jurídico-legislativo entre el secularismo y la libertad religiosa.

El Zentrum era contrario a la unificación alemana bajo hegemonía prusiana y al centralismo de Bismarck, y era partidario de Austria, del federalismo, de los particularismos de los Estados católicos (Baviera) y de las reivindicaciones de las minorías nacionales (alsacianos, polacos, etc.). Durante la guerra franco-prusiana, el comportamiento de zonas católicas y de alguna parte del clero había sido desfavorable a la causa procurada por Bismarck (Westfalia y Renania simpatizaron con Francia; los bávaros fueron hostiles a la creación del Imperio; el clero francés era anti-prusiano). El canciller alemán, prusiano y protestante, acudió al Papa Pío IX para que mediara en estos problemas, pero Roma se desentendió.

Estos hechos coincidieron con una seria escisión dentro del mundo católico alemán. Tras la declaración dogmática de la infalibilidad pontificia (18 de julio de 1870), algunos intelectuales decidieron no someterse. En Baviera, Berlín, Bonn, Brandemburgo, Colonia, menudearon actos de rebelión. La proclamación del dogma de la infalibilidad papal molestó a los protestantes, comprometía la obediencia al Estado de numerosos católicos ultramontanos, e inclusive provocó la escisión de algunos sectores católicos (los “viejos católicos”). La férrea disciplina que tal dogma exigiría, le pareció a Bismarck que iba a constituir un Estado dentro del propio Estado alemán que él había levantado. Por esto la política de la Kulturkampf tendrá dos frentes: legislación anti-católica y apoyo de los católicos escindidos de la Iglesia (viejo-católicos).