Teatro primitivo de Torres Naharro y Gil Vicente

Justo Fernández López


 

El teatro español, como el europeo, surge vinculado al culto religioso. La misa, celebración litúrgica central en la religión cristiana, es en sí misma un ‘drama’, una representación de la muerte y resurrección de Cristo. Serán los clérigos los que, en su afán didáctico por explicar los misterios de la fe a los fieles mayoritariamente incultos y analfabetos, creen los primeros diálogos teatrales.

Los parámetros medievales seguirán siendo la clave del teatro español hasta que, en el siglo XVI, se inicia el camino de la modernización que culminará en la creación de un género: la comedia nueva del siglo XVII. Persisten las representaciones de carácter religioso, algunas de las cuales perdurarán hasta el XVIII. De entre ellas, son dignas de destacar los Autos, procedentes de la Moralité francesa (pieza breve de carácter alegórico), que en España aparecen ya en el XVI y que son el origen de los Autos Sacramentales que tendrán su apogeo en el XVII.

A finales del siglo XV nace una serie de dramaturgos que desarrollarán su labor ya dentro del siglo XVI. Todos ellos nacen hacia 1470 y mueren durante el reinado del Emperador. Su obra marcará el principio de una dramaturgia española en la que los contenidos y las formas teatrales se adaptan a un público que no tiene por qué coincidir en gustos con el resto de Europa: Juan del Encina (1468-1529), Gil Vicente (1465-1536), Bartolomé de Torres Naharro (1475-1520), Fernando de Rojas (1465-1541), Lucas Fernández (1474-1542).

El siglo XVI es un momento de búsqueda y convivencia de varias tendencias: la dramaturgia religiosa de Gil Vicente, el clasicismo de Juan de la Cueva, los italianizantes Juan del Encina y Bartolomé Torres Naharro, y la tradición nacionalista de Juan de la Cueva. La influencia creciente de la literatura clásica dará uno de sus frutos en la proliferación de églogas pastoriles, así como de un teatro humanístico, tanto en latín como en romance.

Dos importantes figuras representan la evolución del teatro en la primera mitad del siglo XVI: Tomás Naharro y Gil Vicente. Ambos parten de los intentos dramáticos de Juan del Encina (1468-1529) y crean un animado teatro con mezcla de los más diversos elementos medievales y renacentistas. Es un teatro que revela un indudable progreso con relación al teatro anterior, pero todavía una técnica algo rudimentaria: falta de verdadera trama, yuxtaposición de escenas costumbristas sin trabazón íntima, interrupción del tema central con episodios ajenos a la línea argumental. No encontraremos un desarrollo hábil y coherente de la intriga dramática hasta que no llegue el teatro nacional de Lope de Vega (1562-1635).

El teatro de la época del emperador ofrece además otras dos direcciones: la que continúa la tradición del drama religioso medieval y la que aspira a restaurar la fórmula teatral del clasicismo grecolatino.

 

Bartolomé de Torres Naharro (1485-1524)

Vida

Nació en la Torre de Miguel Sexmero (Badajoz). Casi todas las noticias que tenemos sobre su vida son hipotéticas. Posiblemente fue educado en Salamanca, donde estudió Filosofía y Humanidades. Se ordenó sacerdote, pero probablemente renunció a los hábitos para enrolarse como soldado.

Siendo soldado, fue capturado por corsarios berberiscos y vendido como esclavo en Argelia. Una vez rescatado, llegó a Roma, donde comenzó a escribir. En Roma fue protegido del cardenal Bernardino de Carvajal. Algunas de sus obras fueron representadas en la corte papel de León X.

No se sabe a ciencia cierta cuándo murió, y se proponen fechas que van de 1520 a 1540.

Obra

Torres Naharro es el autor que le da a la comedia un aspecto definido. Escribió un total de nueve obras dramáticas, todas comedias, aunque con conflictos serios. En ellas demuestra un conocimiento del ser humano y una experiencia superior al del teatro de églogas de Juan del Encina o Lucas Fernández.

De las siete comedias que aparecen en la primera edición de la Propalladia, dos son églogas al estilo de Juan del Encina: Diálogo del nacimiento y Trofea. Las dos comedias clasificadas como a noticia son cuadros de costumbres: Soldadesca y La Tinellaria. Las comedias a fantasía son: Serafina, Himenea, Calamita y Aquilina.

Torres Naharro divide las comedias en «comedias a noticia», equivalente a comedias de costumbres, y «comedias a fantasía», algo así como comedias novelescas.

Torres Naharro dio un gran paso en la formación de la comedia, iniciando la de costumbres y la de intriga. En sus obras figuran ya personajes variadísimos, soldados, criados, frailes, damas marquesas, etc. En la versificación se vale del octosílabo con su pie quebrado. Aunque recibió alguna influencia de la comedia italiana, fue en el estudio de caracteres más que en la forma y asunto.

Serafina (1508)

El argumento de esta comedia procede del romancero, en concreto del asunto tratado en el «Romance del conde Alarcos», en la que Floristán, despechado por Serafina, pide en matrimonio a Orphea. El conflicto que plantea es el del amor con dos mujeres, pero se resuelve con la llegada de Policiano, que queda casado finalmente con Orphea, mientras que Floristán regresa al amor de Serafina, a quien se une. La comedia refleja el erasmismo de la primera mitad del siglo XVI. Esta comedia sobresale por su fuerza cómica.

Soldadesca (1509-1510)

Es una comedia "a noticia" que refleja la vida de las compañías de soldados en Roma momentos antes de embarcar para la guerra. Muestra la corrupción, la criminalidad y la bestialidad de los instintos de este colectivo. Conforma un cuadro de observación realista cuya intención es social y crítica, denunciando los abusos y la impunidad de los soldados españoles y mercenarios en Roma.

Trofea (1512)

Comedia "a noticia" compuesta con motivo de la celebración de una embajada de Manuel el Afortunado enviada al Papa León X. Estrenada en presencia del Papa León X en 1512. Contiene un elogio del rey de Portugal don Manuel el Afornutado.

Jacinta (1513-1516)

Tinelaria (1513-1516)

Comedias de observación de costumbres o "a noticia". Tiene como asunto las orgías y murmuraciones que mueven en el tinelo, comedor de los criados y familiares del palacio de un cardenal, cada uno de los cuales habla su lengua materna: castellano, italiano, francés, valenciano, portugués, latín macarrónico. Lo que se muestra es la mentalidad picaresca, la vida relajada y parasitaria de unas gentes que debían prestar a su señor gratitud y trabajo. La intensidad está extraordinariamente conseguida.

Himenea (1513-1516)

Está considerada como su mejor obra y está basada en tres actos de La Celestina. Sobresale por la perfección teatral.

Argumento: Un caballero llamado Himeneo se enamora de cierta dama, de nombre Febea, a la cual su hermano el Marqués, enterado de los amores, quiere dar muerte. Pero en ese preciso instante, hace acto de presencia su enamorado Himeneo revelando que ya son marido y mujer y evitando la tragedia de honra.

El protagonista, el ofendido marqués, en un precedente del tema de honra y la venganza sangrienta, habitual en el teatro del siglo XVII. En esta comedia se dan ya rasgos precursores del teatro del Siglo de Oro español, como los conflictos de los galanes, las escenas nocturnas llenas de equívoco y misterio, con los criados de estos galanes llenos de miedo, actuando como graciosos, y por tanto, se ha visto en ella un precedente de la comedia de capa y espada barroca, que bien pronto habían de adquirir boga.

Propalladia (1517)

Recopilación de sus obras dramáticas y poéticas, a la que precede un prólogo, que constituye la primera poética teatral española, donde muestra un amplio conocimiento de la preceptiva dramática grecolatina. Esta obra fue incluida en el Índice de libros prohibidos de 1559.

En el prólogo el autor elabora una teoría dramática personal. Se trata de la primera exposición teórica importante del teatro de todo el Renacimiento europeo. Su teoría dramática mantiene muchos de los condicionantes de la comedia latina y se basa en Horacio, como la división en cinco actos, a las que llamó ya «jornadas», y la captatio benevolentiae o atracción del interés del público al comienzo de la representación por medio del introito, que además cumple la función de explicar el argumento de la obra.

Sus propias obras no se ajustan siempre a las normas por él establecidas. Torres Naharro dividió las comedias en dos tipos: "a fantasía" (intriga de ficción) y "a noticia" (de observación de la realidad). Concibe la comedia con final feliz, pero con personajes notables, como los de la tragedia, rasgo que continuará la comedia nueva de Lope de Vega. Introduce episodios históricos en la comedia, considerados en el Renacimiento como exclusivos de la tragedia. El sentido común debe privar frente a la rigidez normativa.

Las comedias “a noticia” ofrecen una estructura simple; pero la animación de los diálogos y el colorido de sus escenas costumbristas les prestan una gracia no desprovista de originalidad.

Las piezas “a fantasía” son las primeras comedias del teatro español en las que se advierte el desarrollo de una intriga. Las situaciones patéticas, los efectismos dramáticos y el ambiente novelesco convierte estas comedias en un lejano precedente del teatro español del siglo XVII.

Calamita (1520)

Comedia que ofrece un muy bien construido tratamiento de los mismos temas que la comedia Himenea, como ocurre también con la comedia Aquilana. Se trata de la historia de una joven educada con un fiel servidos de sus padres.

Aquilana 1523)

 

Gil Vicente (1465-1536)

Vida

No se conocen con seguridad ni el lugar ni la fecha de su nacimiento. Parece que nació en Guimaraes o en Lisboa. Estudió jurisprudencia en Lisboa y estuvo al servicio de los reyes portugueses. Se convirtió en dramaturgo de la corte para los reyes Juan II, Manuel y Juan III.

Fue notable músico, director y actor. Se le ha llegado a identificar con un orfebre homónimo de la reina Leonor.

Se casó con Branca Bezerra, con la que tuvo dos hijos. Tras enviudad, se casó con Melícia Roiz de quien tuvo tres hijos.

Obra

Aunque nacido en Portugal, a Gil Vicente se le incluye dentro de la literatura española por haber compuesto muchas obras en castellano.

Autor dramático, su teatro participa de las reminiscencias del teatro medieval y de las tendencias renacentistas. La obra de Gil Vicente está considerada como reflejo del cambio de los tiempos y el paso de la Edad Media al Renacimiento: paso de una época en la que las jerarquías y el orden social eran regidos por reglas inflexibles, hacia una nueva sociedad donde se comienza a cuestionar el orden instituido.

Vicente escribió 44 obras, 11 de las cuales en español, 15 en portugués y 18 en una mezcla de ambos idiomas. Todas sus obras reflejan un amplio registro de la vida portuguesa. Algunas de ellas expresaban un espíritu crítico satírico inspirado en el humanismo del renacimiento y serían prohibidas por la Inquisición.

Gil Vicente hizo alarde siempre de una vena satírica, mordaz y cáustica. Tiene también bellísimas poesías líricas, algunas de ellas insertas en las obras dramáticas. Una nota relevante de sus piezas teatrales es el clima lírico en que se sitúa la acción. Según Dámaso Alonso, “su profunda inspiración de poeta y la intacta nitidez de su recién creada expresión, superan en mucho a sus posibilidades como hombre de teatro”. Los rasgos de su lírica son el popularismo en cuanto a los temas y la aristocracia en la exquisita elegancia con que los trata.

La nota distintiva de su teatro es el hondo lirismo que representa. Su producción dramática ofrece tal variedad que es difícil establecer una clasificación exacta, pero se puede dividir en cuatro grupos:

Piezas religiosas

Las más antiguas se limitan a continuar la fórmula de las Églogas de Encina y son meros monólogos o diálogos pastoriles con escasa acción (Auto de la Visitación y Auto pastoril castellano). Las de la época posterior presentan una mayor complejidad e introducen nuevos elementos: alegorías (Auto del alma), sátiras eclesiásticas (Auto da Feira), fragmentos líricos (Auto de los cuatro tiempos), personajes bíblicos (Auto de la sibila Casandra).

Auto da Visitação (1502)

Auto pastoril castilhano (1502)

En este auto se aprecia claramente la influencia de Juan del Encina (1468-1529).

Auto del alma (1508)

De estructura más compleja que la anterior.

Auto de los cuatro tiempos (1513)

Auto da sibila Cassandra (1513)

Pieza de gran interés y eficacia dramática que trata de una profetisa que rehúsa el matrimonio, pues cree que Dios la ha escogido para ser la madre del Mesías.

En esta obra, de acción no poco extravagante, intervienen, a más de aquella, las tres sibilas de la antigüedad: Persa, Cumea y Eritrea, y con ellas Isaías, Moisés y Abraham, calificados de tíos de Casandra, y Salomón, pretendiente de su mano.

Trilogía de las barcas (1517-1519)

Es la obra más ambiciosa de Gil Vicente, cuyo tema principal ha sido extraído de las danzas de la muerte medievales y del juicio de las almas. Las dos primeras partes están escritas en portugués (Barca do Inferno y Barca do Purgatório), mientras la tercera está en castellano (Barca de la gloria).

Estas tres obras cortas morales, Auto da barca do inferno (1516), Auto da barca do purgatorio (1518), y Auto da barca da gloria (1519) están consideradas como sus mejores obras, e inspiradas en la Divina Comedia del escritor italiano Dante.

Su asunto está relacionado con el tema medieval de las Danzas de la Muerte y con el tema renacentista de la Barca de Caronte. En las dos primeras, escritas en portugués, dos diablos recriminan a una serie de pecadores de distintas clases sociales: el hidalgo, el usurero, el zapatero, el corregidor, etc. En la Barca de la Gloria, escrita en castellano, es la misma Muerte quien llama a diversos personajes eclesiásticos y civiles: el Papa, el Emperador, el Rey, el Cardenal, etc.

La sátira social y religiosa es el tema central de la obra. El autor traza con acertador rasgos el perfil psicológico de varios tipos humanos. La trilogía es interesante por la belleza de la lírica de ciertas escenas y por el dramatismo de algunas situaciones.

Auto da Feira (1527)

Comedias

En estas piezas desarrolla Gil Vicente con mayor amplitud una intriga novelesca.

Comédia de Rubena (1521)

En esta obra, Gil Vicente utiliza elementos fantásticos de la tradición popular.

Comédia do viuvo (1521)

En esta Comedia del viudo, don Rosvel Tenorí se ve en el aprieto de tener que escoger entre dos jóvenes, de las que se ha enamorado, y no sabe por cuál decidirse. Esta pieza comenzó como una farsa y acabó siendo una comedia de gran calidad.

Amadís de Gaula (1533)

En esta pieza selecciona algunos episodios de la novela homónima. Es una comedia de asunto caballeresco.

Tragicomedia de don Duardos (1521-1525)

Pieza teatral larga y magistral que recrea varios motivos de la literatura caballeresca y el tema del omnia vincit amor por medio de versos líricos y narrativos de extraordinaria factura. Es una de las obras más bellas de Gil Vicente.

Argumento: El príncipe don Duardos se enamora de la infanta Flérida y para lograr su amor si descubrir su personalidad, se hace pasar por jardinero. Flérida bebe inocentemente un filtro amoroso que aquél le ofrece y decide escapar con él.

La obra está impregnada de un intenso lirismo. La acción, el ambiente y los personajes tienen un extraordinario encanto poético.

Cortes de Júpiter

Farsas costumbristas

Algunas desarrollan una sencilla intriga, pero lo más importante de estas piezas es la viva pintura de tipos y costumbres populares.

Quem tem farelos (1508-1509; representada en 1515)

Sobre el galán pobre. Es una crítica a todas las clases sociales de su tiempo, desde la nobleza hasta el pueblo, pasando por el clero.

O velho da horta (1511)

Sobre el viejo enamorado.

Farsa dos físicos (1512)

Sobre los médicos pedantes.

Farsa das ciganas (1512)

Sobre las gitanas.

Farsa de Inés Pereira (1523)

Estas tres farsas costumbristas tienen una trama sencilla y mezclan la ironía y el lirismo.

Las tragicomecias alegóricas de gran espectáculo

En las tragicomedias se confunden elementos alegóricos con acontecimientos de la historia nacional:

Exortação da guerra (1514)

Con elementos mitológicos.

Fragua de amor (1525)

Con elementos alegóricos.

Templo de Apolo (1526)

Pieza antieclesiástica.


Gil Vicente y Torres Naharro

En la producción de estos dos autores se observan ciertas analogías:

  • los dos parten del teatro de Juan del Encina (1468-1529);

  • los dos se valen de una técnica teatral rudimentaria;

  • en los dos se da una fusión de elementos medievales y renacentistas

Por lo demás, las diferencias son también notables:

 

Torres Naharro

Gil Vicente

Predominio del influjo del Renacimiento.

Se halla más ligado a la tradición peninsular.

Sobresale lo novelesco, la intriga, la observación realista y satírica.

Predomina lo lírico, lo emotivo, a estilización poética de la realidad; todo bañado por una luminosa alegría.

Regularidad en el aspecto técnico.

Desordenado y complejo, pero muy sugestivo

 

Otros autores de la primera mitad del siglo XVI

Hay otros muchos cultivadores de la dramática en la primera mitad del siglo XVI. El teatro sigue progresando con lentitud, sus manifestaciones externas revestían todavía una forma rudimentaria.

Las obras de carácter religioso seguían representándose en las iglesias, pero con frecuentes prohibiciones, por los abusos que se cometían. Era costumbre que por la fiesta del Corpus y otras festividades salieran carros en que se ejecutaban escenas alegóricas. En las calles, sobre tablados, se representaban asimismo autos religiosos.

La obras profanas se representaban, ya en los palacios, para solaz de la aristocracia, ya en el patio de alguna casa, pare regocijo del vecindario. Luego se establecieron los llamados patios o corrales de comedias permanentes. El más antiguo fue el de la Puerta de San Esteban, de Valladolid, construido probablemente por Lope de Rueda en 1559.

El aparato escénico no podía ser más sencillo. Cervantes, refiriéndose a Lope de Rueda, dice que en su tiempo todos los aparatos de un representante «se encerraban en un costal y se cifraban en cuatro pellicos blancos guarnecidos de guadamecí dorado y cuatro barbas o cabelleras y cuatro cayados, poco más o menos», y el teatro se formaba con «cuatro bancos en cuadro y cuatro o seis tablas encima» y se adornaba con «una manda vieja, tirada con dos cordeles de una parte a otra».

Las comedias comenzaban con un introito o monólogo en el que un pastor o rústico se jactaba de sus méritos o decía unas cuantas bufonadas para distraer al auditorio. Se llamaba a veces prólogo o introducción, y con el tiempo se convirtió en loa, destinada al elogio de personas o cosas diversas, o a un simple relato entretenido.

También se podía unir al introito el argumento, en que brevemente se explicaba el asunto de la obra.

Se hizo corriente en estas obras el tipo del Bobo (por lo general, uno de los pastores), a cuyo cargo corrían las mayores chuscadas y que anticipa el tipo del gracioso de teatro lopista. En las obras religiosas figuraba con frecuencia, como personaje importante, el Diablo.

 

Obras pastoriles y religiosas

Diego Sánchez de Badajoz (finales del siglo XV – 1549)

Pintó muy hábilmente tipos como los del Bobo, el Negro, la Hechicera, el Soldado fanfarrón.

Escribió obras de asunto religioso al modo pastoril.

Obras profanas:

Farsa del matrimonio

Farsa de la fortuna

Farsa de la muerte

 

Hernán López de Yanguas (1490-1550)

Farsa del Mundo y Moral

 

Micael de Carvajal (h. 1490)

Josefina

Tragedia poética basada en la historia de José, hijo de Jacob.

Auto de las Cortes de la Muerte

Obra de gran éxito en tiempos de Felipe II. La obra acumula elementos muy variados: sátira social y religiosa, crítica antieclesiástica, escenas populares, efectismos escénicos.

 

Teatro humanístico

El progresivo desarrollo del humanismo durante la primera mitad del siglo XVI, hizo que aumentara la imitación del teatro clásico. El entusiasmo por la cultura grecolatina dio lugar, en el reinado de Carlos V, a la aparición de un teatro humanístico en prosa, integrado por traducciones o refundiciones de comedias y tragedias clásicas y destinado, más que a la representación ante un amplio auditorio, a la lectura de unos pocos. Esta orientación se desarrolló notablemente en la época de Felipe II y desapareció al crear Lope de Vega una más amplia fórmula dramática.

Unos autores se inspiraron directamente en el teatro de Plauto y Terencio, otros en la comedia italiana del mismo carácter, y otros, la mayoría, se limitaron a escribir imitaciones de La Celestina, con lo cual las obras perdían casi por completo el apresto clásico para dar paso a la intriga y el discreteo. Se hicieron infinitas imitaciones de La Celestina, algunas en verso y las otras en prosa.

 

Francisco López de Villalobos (1474-1549)

Nacido en Zamora, fue médico del rey Católico y de Carlos V. Tradujo el Anfitrión (1515) de Plauto en un vivo estilo que mantiene el tono desenfadado de la comedia latina.

Sumario de la Medicina (1498)

En verso.

Tractado de las tres grandes, conviene saber, de la gran parlería, de la gran porfía y de la gran risa (1544).

Una especie de disección moral y psicológica de tres pasiones: la gran parlería o locuacidad, la gran porfía o empecinamiento y la gran risa. Estudia los caracteres y enmienda de tales vicios.

Los problemas naturales y morales (1543)

Presenta numerosas preguntas en verso sobre los asuntos más heterogéneos y las contesta luego en prosa.

Glosa de la canción sobre la muerte

 

Fernando Pérez de Oliva (1494-1533)

Fue catedrático y rector de Salamanca. Arregló libremente al castellano comedias del teatro clásico, en realidad traducciones en una prosa excelente:

Venganza de Agamenón es un arreglo de la Electra de Sófocles;

Hécuba triste imita la Hécuba de Eurípides;

Comedia de Anfitrión es una adaptación del Anfitrión de Plauto.

Las modificaciones que hizo Oliva sobre los originales fueron muchas, pues más bien se propuso, sobre los argumentos respectivos, acomodar la prosa española a la fuerza patética y la dignidad de la tragedia clásica.