La visión del mundo de Calderón de la Barca

Justo Fernández López


 

Como los famosos cuadros de las “Postrimerías” del pintor barroco Juan de Valdés Leal (1622-1690), en Calderón vemos el pesimismo estoico de su época, pero compensado por la esperanzadora fe cristiana. El mundo es “humo, polvo, nada, viento” (anticipación de la famosa frase romántica: “todo pasa como las naves, como las nubes, como las sombras”). La verdadera vida está en el “más allá”. El mundo de “acá” es sueño, vanidad, irrealidad, teatro. Toda la vida es camino y preparación para la muerte, que es tránsito a mejor vida.

Los temas de Calderón son: horror a la muerte, vacío de la vida, engaño de la felicidad. Senequista consecuente, su muerte fue la de un estoico cristiano. El pensamiento estoico de Calderón está lleno del escepticismo cartesiano de la época (preocupación por la existencia del mundo exterior: “Cogito, ergo sum”). El delito mayor del hombre es haber nacido; pero una vez nacido tiene que cumplir en este mundo de la mejor manera su papel, el que le fue asignado por el Autor de la Gran Comedia del Mundo: Dios. El Destino = Dios que asigna los papeles a cada uno. La Libertad del hombre consiste solamente en lo bien o mal que sepa representar su papel. Al quitarse sus ropas en el vestuario de actores (despojados por la Muerte), se quedan todos iguales; sólo les distingue sus “buenas obras”: el buen papel jugado. Todo es efímero, sólo la virtud (la honra) no se pierde ni pasa. No hay tragedia, Dios ese el garante de la salvación y del hombre depende el alcanzarla.  

Dios = Maestro – Autor – Director 

La Gracia = Ayudante de dirección

El Mundo = Escenario para la acción

Actores:

El Rey

El rico

El letrado

El campesino

El mendigo

El gran teatro del mundo tuvo gran influjo en la literatura alemana (ver Walter Benjamin: Der Ursprung des deutschen Trauerspiels): Dios es el autor y el director de la comedia humana; la Gracia es el ayudante de dirección; el Mundo es el gran escenario teatral; los Hombres son los actores que reciben su papel de Dios; a ellos toca representarlos lo mejor posible y hacer de su papel la mejor partida, sin salirse de él (sin “perder los papeles”). Dios decide al final si cada uno ha desempeñado su papel de forma adecuada y de acuerdo a la obra teatral escrita por Dios (el guionista); en esto sólo consiste la libertad del hombre, y su oportunidad de ganarse una vida real (no una vida de sueño).

Los papeles de los actores forman una “pirámide social” que va del Rey (cúspide) al mendigo (base). El criterio sobre el buen o mal juego del papel asignado por Dios a cada hombre es el comportamiento de cada actor frente al mendigo. Este se constituye en figura capital de la pieza. Tras la muerte, la pirámide se invierte: el rico que no es social va al infierno; el mendigo va directamente al cielo. El poseer riquezas en este mundo no es un privilegio, sino una gran hipoteca para alcanzar la salvación, pues el rico tiene más posibilidades de pecar que el mendigo, que no dispone de este “privilegio”. Así tiene el mendigo más posibilidades (dadas por Dios a su papel) de salvarse que el rico.

La desigualdad social es impuesta por Dios en este mundo y recompensada en el “otro” mundo. El rico se deja llevar del engaño y la vanidad (sueño) de este mundo. “Ante Dios somos todos iguales”. El poder y la riqueza de los ricos se compensa en los pobres o desposeídos con el honor (“somos pobres, pero honrados”). No tienes honra, no eres nadie. La honra no es privilegio de los ricos (como en el teatro clásico francés). La vanidad de este mundo y el desengaño son los motivos principales de la obra.

En la pirámide social de Calderón viene primero el Rey, luego el rico, el letrado, el campesino y al final el mendigo. Estos son los papeles principales que desempeñan los hombres en el gran teatro del mundo. “La dramática de Calderón es el mejor ejemplo de una literatura al servicio de una ideología, la de una sociedad castiza, monárquico-señorial-campesina, con el neoescolasticismo razonados y el contrarreformismo más consciente. Son básicos los conceptos de la inutilidad de lo vital, del desengaño por creencia en el pecado original y el libre albedrío” (Blanco Aguinaga).

El teatro de Calderón es un teatro que justifica todas las instituciones existentes: “... que debe el ingenio humano llegarlo a amar y creer por razón de Estado cuando faltara la de la Fe” (Calderón: A dios por razón de Estado).

Gran antisemitismo revelan los autos sacramentales. El tema del honor, estilizado al máximo por Calderón, revela una concepción autoritaria y patriarcal de la institución matrimonial. El campesino rico Pedro Crespo, de El alcalde de Zalamea es de limpio linaje, lo que le permite defender su honor y dignidad. Esta obra intenta sintetizar y armonizar las estructuras monárquico-señoriales con el ascenso del campesinado a clase social media.

El esquema del proceso dramático de Calderón:

estudios – meditación – duda – hallazgo de la verdad en los dogmas

católicos – certeza – desprecio de este mundo como mundo irreal (sueño).

Al principio de en La vida es sueño vemos un caballo desbocado como símbolo barroco de la vida como arrebato y pasión. Luego es preciso dominar y sofocar este impulso vital con la conciencia de la futilidad e inutilidad de todo lo vital:

¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ficción,

una sombra, una ilusión,

y el mayor bien es pequeño.

¡Que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son!

Como dijo Calderón.