José Somoza y Muñoz (1781-1852)

Textos


La durmiente

 

La Luna, mientras duermes, te acompaña;  
 tiende su luz por tu cabello y frente,  
 va del semblante al cuello y lentamente  
 cumbres y valles de tu seno baña.  
 
 Yo, Lesbia, que al umbral de tu cabaña,
 hoy velo, lloro y ruego inútilmente,  
 el curso de la Luna refulgente  
 dichoso he de seguir, o Amor me engaña.  

 He de entrar, cual la Luna, en tu aposento;  
 cual ella, al lecho en que tu faz reposa,
 y cual ella a tus labios acercarme.  
 
 Cual ella, respirar tu dulce aliento,  
 y cual el disco de la casta diosa,  
 puro, trémulo, mudo, retirarme.

 


La luna mientras duermes te acompaña

 

La luna mientras duermes te acompaña,  
 tiende su luz por tu cabello y frente,  
 va del semblante al cuello, y lentamente  
 cumbres y valles de tu seno baña.  
 
 Yo, Lesbia, que al umbral de tu cabaña 
 hoy velo, lloro y ruego inútilmente,  
 el curso de la luna refulgente,  
 dichoso he de seguir o amor me engaña.  
 
 He de entrar cual la luna en tu aposento,  
 cual ella al lienzo en que tu faz reposa,  
 y cual ella a tus labios acercarme;  

 cual ella respirar tu dulce aliento,  
 y cual el disco de la casta diosa,  
 puro, trémulo, mudo, retirarme.
 


Densas nubes vomita el Occidente
 

Densas nubes vomita el Occidente,  
 la noche en carro de ébano se sienta,  
 vuela en aras de fuego la tormenta,  
 hierve el rayo en la espuma del torrente;  
 
 la selva tala el huracán mugiente, 
 tronchada cruje el haya corpulenta,  
 rueda el risco al barranco y le acrecienta,  
 los montes en el mar hunden su frente;  
 
 la luna en olas de tinieblas nada,  
 es trono del relámpago la esfera,
 y el imperio del mal anuncia el trueno;  
 
 la luz y paz que en hora bienhadada  
 el cielo al angustiado mundo diera,  
 huye y se acoge al corazón del bueno.
 


A la Magdalena

 

A la virtud, cuando habitara el suelo,  
 su imperio la belleza sometía,  
 la faz encantadora que atraía  
 el mundo al sonreír, lloró ante el Cielo.  
 
 Calmose el huracán que en raudo vuelo 
 el mar de las pasiones embestía;  
 fue la tiniebla luz, la noche día,  
 alzando la verdad su eterno velo.  
 
 La paz logró en la tierra una victoria,  
 y a las plantas del Justo por trofeos 
 se vieron los placeres, los amores;  
 
 las insignias del triunfo de más gloria,  
 las armas de la lid de los deseos,  
 suspiros, besos, lágrimas, olores.