Panorama de la literatura del siglo XVIII

Justo Fernández López


 

En España, el siglo XVIII es un siglo de continuidad y de renovación absoluta al mismo tiempo: en materia política, los Austrias dejan paso a una nueva dinastía, los Borbones; en materia religiosa, el siglo XVIII se deja sentir por transformaciones de muy diferente signo: el problema de los jansenistas en Europa o la expulsión de los jesuitas de España tras haber salido antes de Portugal (1759).

En 1701 entró en Madrid Felipe V, el primer rey de la nueva dinastía borbónica en España. Muchas de las instituciones del comienzo de esta época correspondían a otras de Francia. En 1712, se fundó la Biblioteca Nacional. Las “reales academias” se constituyeron a base de análogos centros culturales del país vecino. En los mismo años en que Felipe V fundó la Biblioteca próxima al Palacio Real, se estableció la Real Academia Española, cuya primera junta se reunió en 1713. La Real Academia tendía a fijar el idioma y a depurar el estilo (“Limpia, fija y da esplendor”). Por primera vez, una minoría se proponía dirigir a los escritores. La primera obra de la Academia fue la publicación del Diccionario de Autoridades, en seis grandes volúmenes, publicado entre 1726 y 1739. Las citas de autores que se ofrecen como “autoridades” del castellano abarcan desde los humanistas del siglo XVI a los autores barrocos del siglo XVII. En 1741 se publica la Ortografía y en 1771 la Gramática de la Real Academia Española. En 1780 aparecerá el Diccionario de la Real Academia, que se ha venido publicando en repetidas ediciones hasta el día de hoy. En 1735 se funda la Academia de la Historia.

Se crean los primeros museos y centros de investigación científica y tecnológica, como el Real Observatorio Astronómico, los Colegios de Medicina, la Escuela de Veterinaria o el Banco de España; en esos años se crean igualmente varios cuerpos de funcionarios y de titulados superiores y crecen  diversas sociedades eruditas de ámbito local o nacional, junto a otras agrupaciones de muy diversa índole.

En el XVIII sigue vigente a lo largo de bastantes años el Barroco. La vieja comedia española seguía siendo del gusto de los monarcas borbones. Hasta el reinado de Carlos III (1729-1788), las ideas ilustradas, la nueva estética y su literatura no lograrían una verdadera implantación y una difusión generalizada.

El siglo XVIII, hasta avanzada su segunda mitad, tuvo a Francia como directriz. Su cultura y sus ideas influyeron especialmente en España. Hasta el triunfo de la estética de la tragedia y la comedia clásicas francesas no hay un teatro nuevo en el siglo XVIII español. Los fermentos más vivos de ideas y de crítica procedían de Voltaire y de Rousseau. La casa de Borbón trae las modas y las ideas de Francia.

En la segunda mitad de la centuria, se comenzarán a sentir nuevas transformaciones en las que se descubre la marcha hacia una nueva estética: el Romanticismo.

El siglo XVIII es más un siglo de academicistas, de sabios y muchas veces pedantes, de polemistas, de críticos, de investigadores curiosos, que de verdaderos creadores de grandes obras.

LA NOVELA EN EL SIGLO XVIII

Se sigue leyendo novela española del Siglo de Oro, se imitan algunos de sus principales títulos (con el Quijote al frente). Hay contados títulos novelescos de cierta altura.

La renovación neoclásica, a través de obras escritas precisamente para educar, vendrá a finales del siglo. El espíritu romántico comienza a sentirse en Europa e impregna los relatos del momento, lo que animará el cultivo de géneros como la novela sentimental, histórica o la apuesta por claves propiamente prerrománticas en las Noches lúgubres (1793) de Cadalso.

EL TEATRO EN EL SIGLO XVIII

En escena siguen triunfando los autores del siglo XVII, con Calderón en cabeza; sin embargo, no son éstos los mejores tiempos para Lope o Tirso de Molina. La centuria abunda en dramaturgos que admiten perfectamente el calificativo de calderonianos, autores que respetan en esencia las fórmulas y temas del teatro del Barroco. 

Algunos autores, como Leandro Fernández de Moratín (1760-1828), se burlan de la comedia heroica y persiguen con sus comedias el ideal de educar al pueblo moral y estéticamente. Triunfa también la comedia lacrimosa, primera manifestación de un temprano romanticismo español.

Al final de siglo triunfa la ópera y de la zarzuela, así como el tradicional sainete, cuyo mayor representante es Ramón de la Cruz (1731-1794).

LA POESÍA EN EL SIGLO XVIII

El grande entre los grandes poetas del momento es Juan Meléndez Valdés (1754-1817), el más importante de la escuela salmantina. Cultivó las principales formas y temas, como la anacreóntica, el epigrama, los temas satíricos y jocosos o la poesía de circunstancias.

La escuela salmantina prosperó a finales del siglo XVIII y fue presidida por José Cadalso y, en una segunda etapa, por Juan Meléndez Valdés. Se guiaba por los principios de la poesía filosófica e ilustrada expuestos en la Epístola de Jovellanos. Además de su gusto por los temas mitológicos y la poesía de Anacreonte y Horacio, sus autores españoles predilectos eran Garcilaso de la Vega, fray Luis de León y Esteban Manuel de Villegas.

La escuela sevillana estaba representada por dos academias: la Horaciana y la Particular de Letras Humanas. Su poeta preferido es también Fernando Herrera. Aunque la estética dominante es la neoclásica, algunos autores tienen contactos con el romanticismo inglés y alemán.

Dos autores cultivaron la fábula con un éxito extraordinario del que su obra ha gozado hasta nuestros días: Tomás de Iriarte (1750-1791) y Félix María Samaniego  (1745-1801).

El engarce con el siglo XIX y el Romanticismo se percibe en poetas como Gaspar María de Nava, Conde de Noroña (1760-1815), o todavía más claramente en los citados Meléndez Valdés o Álvarez Cienfuegos.

ETAPAS DE LA LITERATURA DEL SIGLO XVIII

Aunque el siglo XVIII suele designarse como la “época del neoclasicismo”, en él se solapan varias tendencias: la que perpetúa el barroquismo o estilo tradicional español (Barroco tardío), la que deriva del neoclasicismo francés (Neoclasicismo), la que se orienta a la crítica racionalista (Ilustración), y la etapa final que anticipa el romanticismo (Prerromanticismo).

Es difícil establecer un orden cronológico entre escuelas o tendencias poéticas, que a veces viven en confusa algarabía: Posbarroco, Rococó, Neoclasicismo, poesía de la Ilustración y lírica de sensibilidad prerromántica. No es posible encasillar a los autores exclusivamente en un estilo único. Lo clasicista del neoclásico se tiñe a veces con el regusto decorativo del rococó.

Barroco tardío

Primera mitad de siglo: reinado de Felipe V (1700-1746): Monotonía. El único escritor español de auténtico mérito durante la primera mitad del siglo XVIII fue Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), defensor de la libertad, la razón y el conocimiento científico. Feijoo combatió con sus ensayos la ignorancia y la estrechez de miras de sus contemporáneos.

La poesía del XVII se continuó a lo largo de un cierto período del siglo XVIII, perdiendo la profundidad ideológica y cultivando sólo sus aspectos más superficiales. Figuras destacadas fueron Gabriel Álvarez de Toledo (1662-1714), Eugenio Gerardo Lobo (1679-1750) y Diego de Torres Villarroel (1694-1770).

Rococó

Poesía rococó: las reacciones críticas contra el Barroco llegan a concretarse en 1737 con la publicación de la Poética de Luzán, de claro carácter clasicista. La poesía se carga de un sensualismo que viene de las filosofías europeas (Condillac, Locke). La poesía rococó es una poesía de salón, despreocupada y frívola, que tiene su expresión en la anacreóntica y en la versificación de temas intrascendentes. Uno de los principales cultivadores fue José Cadalso (1741-1782), que llevó la moda al grupo salmantino en su época de estancia en la ciudad del Tormes. Meléndez Valdés (1754-1817) se convirtió en maestro consumado de la anacreóntica. También la cultivaron fray Diego Tadeo González, Iglesias de la Casa, León Arroyal y casi todos los poetas de la época.

Neoclasicismo

Escritores que escribieron y publicaron en torno a medio siglo: reinados de Fernando VI (1746-1759) y principios del de  Carlos III (1759-1788): Influjo francés. Afrancesados o imitadores.

Poesía neoclásica: Es una poesía sujeta a normas, que busca siempre la adecuación natural y preceptiva entre lenguaje y contenido, métrica y temas, dando a cada composición el tono conveniente. Vuelven a repetirse, como temas centrales, los grandes motivos del Renacimiento: poesía mitológica; poesía amorosa; poesía épica, paralela a la tragedia neoclásica. Entre sus practicantes debemos recordar a Nicolás Fernández de Moratín, García de la Huerta, Vaca de Guzmán, y Montengón; poesía bucólica: la afición por la vida campestre va impregnando el nuevo pensamiento ilustrado, influida por las ideas de Rousseau. Figuras destacadas de este tipo de poesía son Iriarte y Meléndez Valdés.

Si en el teatro de la época la influencia francesa ejerce un papel decisivo, en la poesía se observa la influencia mucho más importante de autores españoles del Siglo de Oro no contaminados de barroquismo: Garcilaso de la Vega, Villegas, o la de los clásicos grecolatinos: Anacreonte, Horacio, etc. El influjo de Francia es más claro en el terreno de la teoría y de la perceptiva (Boileau) que en el de la imitación directa de determinados autores.

La imitación de la poesía del Siglo de Oro se lleva a cabo evitando los excesos culteranos y volviendo la vista al siglo XVI. La poesía anacreóntica comienza en estos años a ponerse de moda, gracias a la inspiración de Cadalso, pero no alcanza su apogeo hasta que la escuela salmantina hace de ella uno de sus géneros predilectos.

Ilustración

Poetas de la Ilustración: desde l770 hasta principios del XIX, época que corresponde a la plenitud del reinado de Carlos III y al de Carlos IV (1788-1808): Crítica racional. Secularización. Tensión Iglesia y Estado (expulsión de los jesuitas)

Poesía ilustrada: Punto de partida de la poesía ilustrada es la carta de Jovellanos a sus amigos en 1776, que postula una poesía que tenga una misión educativa y doctrinal y desprecie la poesía inútil y los temas triviales. La poesía pasa de la belleza a la utilidad social.

Los nuevos temas son filosóficos: ideas sobre el mundo, el hombre, la libertad; político-sociales: ideas del despotismo ilustrado (desarrollo de la cultura, valoración del trabajo); religioso-morales: no es muy abundante por ser éste un período laico; poesía de circunstancias: fue la de más amplio cultivo; poesía de crítica literaria: era preciso purificar primero la expresión poética existente para hacerla útil; poesía realista: la erótica, cultivada por N. Fernández de Moratín (Arte de las putas), Samaniego (El jardín de Venus), Meléndez Valdés (Los besos de amor) y la poesía costumbrista, que nos presenta aspectos curiosos de la sociedad como el mundo taurino (N. Fernández de Moratín), la gente a la moda (Forner).

Prerromanticismo

A mediados del siglo XVIII comienzan a surgir en toda Europa chispazos de una nueva orientación literaria, que por analogía con las corrientes románticas del siglo XIX recibe el nombre de Prerromanticismo, derivada de la influencia de la filosofía sensualista inglesa, de las ideas de la Enciclopedia francesa y del impulso que dieron las ideas de Juan Jacobo Rousseau.

La influencia del filósofo inglés John Locke y de Laurence Sterne, junto a la de los franceses Étienne Bonnot de Condillac, Jean-Jacques Rousseau y Denis Diderot, hará surgir un nuevo sentimiento, insatisfecho con la tiranía de la razón, que hace valer el derecho de los individuos a expresar sus emociones personales (reprimidas entonces por los neoclásicos), entre las cuales figuran, fundamentalmente, el amor. Esta corriente anuncia la decadencia del Neoclasicismo y abre las puertas del Romanticismo.

Poesía prerromántica: tras el fracaso de los ideales ilustrados, por la política regresiva de los gobiernos de Carlos IV tras la Revolución Francesa, trajo notas tristes a la poesía de los escritores que más se habían significado en el proyecto reformista. La poesía de la Ilustración empezó a hacerse más reflexiva, a personalizar los problemas, a cargarse de sensibilidad. Esta poesía de lamentos y tristeza encontró su cauce expresivo en el lenguaje del Romanticismo europeo e inició la poesía prerromántica española.

En 1808 queda cerrado el período literario del siglo XVIII con la definitiva culminación del movimiento romántico, aunque el empeño neoclásico durará más tiempo en algunos escritores aislados.

Géneros cultivados

 

 

 

Poesía

Neoclásicos

Juan Meléndez Valdés: letrillas, romances.

José Cadalso: Ocios de mi juventud.

Gaspar M. de Jovellanos: Sátiras y Epístolas.

Fabulistas

Tomás de Iriarte: Fábulas literarias.

Félix María de Samaniego: Fábulas morales

Prerrománticos

Nicasio Álvarez Cienfuegos: Anacreónticas.

Manuel José Quintana: Odas, El panteón del Escorial.

 

 

Prosa

Novela

Diego Torres de Villarroel: Vida, ascendencia...

José Cadalso: Cartas marruecas.

Gaspar Melchor de Jovellanos: Informe sobre la Ley Agraria.

Padre Isla: Fray Gerundio de Campazas.

Didáctica

Fray Jerónimo Feijoo: Teatro crítico universal.

  

Teatro

Tragedia

Vicente García de la Huerta: La Raquel.

Comedia

Leandro Fernández de Moratín: El sí de las niñas, La comedia nueva.

Sainete

Ramón de la Cruz: El fandango del candil, Manolo.

 

Barroco tadío

Posbarroco

Diego de Torres Villarroel (1693-1770)

Poeta

Neoclasicismo

Criticismo

Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764)

Ignacio de Luzán (1702-1754)

Crítico

Preceptista

Teatro neoclásico

Nicolás Fernández de Moratín (1737-1780)

Leandro Fernández de Moratín (1760-1828)

Tragedia

Comedia

Poesía neoclásica

Félix María Samaniego (1745-1801)

Fabulista ilustrado

Ilustración

Novela didáctica

José Francisco de Isla (1703-1781)

Novelista

Ensayo

José Cadalso Vázquez (1741-1782)

Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811)

Ensayista

Prerromanticismo

Escuela salmantina

Juan Meléndez Valdés (1754-1817)

Manuel José Quintana (1772-1857)

Poesía

Escuela sevillana

Padre Alberto Lista (1775-1848)

Poesía

 

La literatura europea del siglo XVIII

PAÍS

POESÍA

PROSA

TEATRO

Francia

 

Charles-Louis de Montesquieu (1689-1755)

Voltaire 

(1694-1778)

Pierre Augustin de Beaumarchais (1732-1799)

 

Suiza

 

Jean-Jacques Rousseau 

(1712-1778)

 

Alemania

Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832)

Friedrich von Schiller 

(1759-1805)

 

 

Inglaterra

James Macpherson

(1736-1796)

Edward Young

(1683-1765)

Thomas Gray

(1716-1771)

Daniel Defoe

(1660-1731)

Jonathan Swift 

(1667-1745)

 

 

España

Juan Meléndez Valdés

(1754-1817)

Nicasio Álvarez Cienfuegos

(1764-1809)

Manuel José Quintana

(1772-1857)

Fabulistas:

Tomás de Iriarte

(1750-1791)

Félix María de Samaniego

(1745-1801)

Diego Torres de Villarroel

(1693-1770)

José Francisco de Isla

(1703-1781)

Benito Feijoo

(1676-1764)

José Cadalso

(1741-1782)

Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811)

Leandro Fernández de Moratín (1760-1828)

Vicente García de la Huerta (1734-1787)

Ramón de la Cruz

(1731-1794)