Siglo XVIII español

Panorama político

Justo Fernández López


 

El siglo XVIII trascurrió bajo los reinados de los cinco monarcas Borbones:

Felipe V (1700-1746)

Luis I (1724): Felipe V abdicó en favor de su hijo Luis, esperando heredar la corona de Francia, pero volvió al trono al morir Luis I siete meses después.

Fernando VI (1746-1759)

Carlos III (1759-1788)

Carlos IV (1788-1808)

Fernando VII (1808-1833)

Durante el siglo XVIII, el país y su Imperio colonial experimentaron una recuperación de las desgracias padecidas durante los últimos Austrias, recuperación que culminó en el relativo esplendor del reinado de Carlos III. Las guerras, pasiones y sufrimientos provocados por la Revolución francesa (1789 y 1799) y las ambiciones imperiales de Napoleón consumieron al país, dieron lugar a las primeras experiencias de monarquía democrática y condujeron a la pérdida de la mayor parte de su Imperio.

El siglo XVIII es un siglo de corrientes contrapuestas en el que se abren las contradicciones del siglo siguiente.

Aspectos generales:

  • Predominio de la burguesía sobre la aristocracia.
  • Fomento del espíritu crítico.
  • La razón se impone a la fe: tensión Iglesia <> Estado.
  • Se rechaza el principio de autoridad: Despotismo ilustrado.
  • Se experimenta y se reflexiona sobre la realidad.

En España:

  • Lucha contra el espíritu del Barroco y toma de contacto con el clasicismo francés.
  • El Neoclasicismo acentúa los principios estéticos fijados desde el siglo anterior por el clasicismo francés.
  • En las últimas décadas del siglo, el prerromanticismo se opone al neoclasicismo y rehabilita la acción del sentimiento en el arte por influjo del sensualismo inglés.
  • Se cultiva la literatura de creación.
  • Interesan más el ensayo y la sátira.
  • La lírica no ocupa un lugar central en la literatura.
  • Arraigan las obras filosóficas y las fábulas moralizadoras.
  • Priva el prosaísmo y el sentido común.
  • Los temas emotivos, nocturnos y lacrimosos preludian el romanticismo.

GUERRA DE SUCESIÓN AL TRONO DE ESPAÑA (1702-1714)

Carlos II (1661-1700), rey de España (1665-1700), rey débil y enfermizo, murió sin sucesión. En su testamento, declaró heredero del trono al duque de Anjou, futuro Felipe V, que reinó en España entre 1700 y 1745 y fue el primer monarca de la Casa de Borbón, la cual sustituyó a la Casa de Habsburgo en el reinado sobre los territorios españoles. Carlos II quería mantener unida la herencia de sus mayores y consideraba que sólo el apoyo de Francia, cuyas tropas se encontraban en la frontera española, podía garantizar la conservación de la monarquía en toda su integridad. Por eso optó por el duque de Anjou como heredero del trono de España, con dos condiciones: no reunir nunca las coronas de España y Francia en una misma persona y no enajenar parte alguna de los territorios españoles.

A pesar del testamento de Carlos II dando legitimidad a la Casa de Borbón, la muerte de Carlos II sin sucesión activó la pugna entre los candidatos europeos para hacerse con su herencia. Entre 1702 y 1714 tiene lugar la Guerra de Sucesión por el trono español.

El primer candidato designado como heredero había sido José Fernando, hijo del elector de Baviera, pero su muerte (1699) volvió a abrir el problema de elegir entre el archiduque Carlos, hijo del emperador Leopoldo y futuro emperador a su vez como Carlos VI, apoyado por la reina Mariana de Neoburgo y el partido austriaco de España, y Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV y María Teresa de Austria.

Las potencias europeas, salvo el emperador Leopoldo, reconocieron a Felipe V como rey de España. Pero algunas naciones europeas temían que España formara un bloque con Francia, dirigido por el monarca francés, lo que daría al traste con el orden reinante en Europa. Inglaterra y Holanda se opusieron a la hegemonía borbónica y apoyaron las pretensiones del archiduque de Austria formando la Gran Alianza (La Haya, 1701) que en 1702 declaró la guerra a los Borbones.

Castilla apoyó a Felipe V, mientras que Cataluña y Valencia desde 1705 y Mallorca y Aragón en 1706, temerosos del centralismo Borbónico, se declararon decididos partidarios del archiduque. Los ejércitos hispano-franceses derrotaron a las tropas aliadas mandadas en la batalla de Almansa (1707), sometiendo a casi todo el reino de Valencia. En castigo por la adhesión de Aragón y Valencia al archiduque, Felipe abolió sus fueros (los de Cataluña lo fueron en 1716).

Se llegó a unas negociaciones de paz: Inglaterra y Portugal convinieron una suspensión de armas con España y Francia, y el Tratado de Utrecht (1713) habría puesto fin a la guerra de no haber sido por la resistencia de Mallorca y Cataluña que, hasta su capitulación el 13 de septiembre de 1714, siguieron luchando.

España comenzó a declinar en el plano político y económico en el siglo XVII; hacia finales del siglo comenzó a decaer también en el terreno de la creatividad artística. La decadencia continuó a lo largo de la guerra de Sucesión (1702-1714) y durante los reinados de los primeros monarcas borbónicos (1700-1759).

FELIPE V (1683-1746), rey de España (1700-1746)

Felipe V (1683-1746), rey de España (1700-enero de 1724; agosto de 1724-1746), de origen francés, llamado el Animoso, fue el primer monarca de la dinastía Borbón en España. Su reinado de 45 años y 3 días es el más dilatado de la monarquía hispánica. Sustituyó a la Casa de Habsburgo en el reinado sobre los territorios españoles gracias al testamento definitivo del último rey de ésta, Carlos II.

Los borbones mostraron poca comprensión con la cultura barroca española. La reacción popular contra el afrancesamiento provocó el folclorismo, el flamenco es descubierto y aceptado por la sociedad, se crean las modernas corridas de todos al prohibir los Borbones la corridas de los aristócratas, se refuerza el regionalismo con el descubrimiento de las regiones periféricas como reacción contra el centralismo racionalista borbónico.

LUIS I (1707-1724), rey de España (1724)

Llamado el Bien Amado o el Liberal, su reinado de 229 días es el más efímero de la historia española. Era el hijo mayor de Felipe V y María Luisa de Saboya.

FERNANDO VI (1713-1759), rey de España (1746-1759)

Llamado el Prudente o el Justo, fue el cuarto hijo de Felipe V y de su primera esposa María Luisa Gabriela de Saboya.

CARLOS III (1716-1788), rey de España (1759-1788)

Carlos III, rey de las Dos Sicilias (1734-1759) y rey de España (1759-1788), fue el representante más genuino del despotismo ilustrado español. Era hijo del rey español Felipe V (1700-1746) y de Isabel de Farnesio.

Motín de Esquilache (1766)

En 1766, tuvo lugar en Madrid y otros puntos de España la revuelta que ha pasado a la Historia como Motín de Esquilache, en la que se calcula que participaron alrededor de 40.000 personas y que cerca estuvo de poner en peligro la figura real. El marqués de Esquilache, Secretario de Hacienda, se había propuesto hacer entrar en la «modernidad europea» a la capital más sucia e insalubre del continente.

El detonante de la revuelta fue la publicación de una norma municipal que regulaba la vestimenta de los madrileños: se trataba de erradicar en la Villa de Madrid el uso de la «castiza vestimenta»: la capa larga y el chambergo (sombrero de ala ancha) con el pretexto de que, embozados, los madrileños podían darse anónimamente a todo tipo de atropellos y esconder armas entre los ropajes. La medida propugnaba el uso de la capa corta y el tricornio (sombrero de tres picos), de procedencia extranjera.

Sin embargo, habría que buscar las causas verdaderas de este motín en el hambre, las constantes subidas de precio de los productos de primera necesidad y el recelo de los españoles a los ministros extranjeros traídos por Carlos III. Finalmente, el motín se saldó con el exilio forzado del marqués de Esquilache, Secretario de Hacienda e inspirador del edicto.

Muy a disgusto del monarca, Esquilache partió al destierro. El conde de Aranda, capitán general de Valencia, que con sus tropas desplazadas en Aranjuez había tranquilizado al amedrentado monarca, se convierte en hombre fuerte del nuevo gobierno, en el que todavía figura el genovés Grimaldi.

Expulsión de los jesuitas

La atribución a posteriori de la culpa no tardó en sustanciarse en la pesquisa secreta promovida por el conde de Aranda. Se buscaron chivos expiatorios entre los enemigos del partido que ocupaba ahora la confianza del soberano: el marqués de la Ensenada fue desterrado de la Corte, y la Compañía de Jesús fue expulsada de todos los reinos de la Monarquía Hispánica al año siguiente, 1767. La expulsión de los jesuitas no fue exactamente un signo de anticlericalismo (aunque la masonería se ha asociado con la figura de Aranda), pues la medida tuvo el acuerdo de la mayor parte del clero, tanto secular como regular (sus principales enemigos eran las otras órdenes religiosas).

Los gobiernos ilustrados de la Europa del siglo XVIII se propusieron acabar con la Compañía de Jesús por su defensa incondicional del Papado, su actividad intelectual, su poder financiero y su influjo político. Ciertamente se habían ganado poderosos enemigos: los partidarios del absolutismo, los jansenistas y los filósofos franceses (Voltaire, Montesquieu, Diderot).

Los jesuitas fueron expulsados de los territorios de la Corona española a través de la Pragmática Sanción de 1767 dictada por Carlos III el 2 de abril de 1767 y cuyo dictamen fue obra de Pedro Rodríguez de Campomanes (futuro conde de Campomanes), regalista y por entonces Fiscal del Consejo de Castilla.[] Al mismo tiempo, se decretaba la incautación del patrimonio que la Compañía tenía en estos reinos (haciendas, edificios, bibliotecas), aunque no se encontró el supuesto «tesoro» en efectivo que se esperaba. Los hijos de San Ignacio tuvieron que dejar el trabajo que realizaban en sus obras educativas (lo que supuso un duro golpe para la formación de la juventud en la América Hispana) y sus misiones entre indígenas, como las famosas Reducciones guaraníes y las menos célebres, pero no menos esforzadas misiones entre los Tarahumara en México y a lo largo del Amazonas (Misiones del Marañón).

La supresión de los jesuitas fue llevada a cabo en 1773, cuando el nuevo Papa Clemente XIV, cediendo ante las fuertes presiones de los reyes de Francia, España, Portugal y de las Dos Sicilias, suprimió la Compañía de Jesús mediante el breve Dominus ac Redemptor.

CARLOS IV (1748-1819), rey de España (1788-1808)

Hijo y sucesor de Carlos III y de María Amalia de Sajonia.

Se vio superado por la repercusión de los sucesos acaecidos en Francia en 1789 y por su falta de energía personal que hizo que el gobierno estuviese en manos de su esposa María Luisa de Parma y de su valido, Manuel Godoy, presunto amante de la Reina. A la muerte de Carlos III, el empeoramiento de la economía y el desbarajuste de la administración revelan los límites del reformismo, al tanto que la Revolución francesa pone encima de la mesa una alternativa al Antiguo Régimen.

Gobierno del conde de Floridablanca

Designó primer ministro al conde de Floridablanca, un ilustrado. El estallido de la Revolución francesa en 1789 cambió radicalmente la política española. Conforme llegan las noticias de Francia, el nerviosismo de la corona crece y acaba por cerrar las Cortes que, controladas por Floridablanca, se habían reunido para reconocer al Príncipe de Asturias (futuro Fernando VII). Puso fin a los proyectos reformistas del reinado anterior y los sustituyó por el conservadurismo y la represión (fundamentalmente a manos de la Inquisición, que detiene a Cabarrús, destierra a Jovellanos y despoja de sus cargos a Campomanes).

Gobierno del conde de Aranda

En 1792, Floridablanca fue sustituido por el conde de Aranda, amigo de Voltaire y de otros revolucionarios franceses, a quien el rey encomienda la difícil papeleta de salvar la vida de su primo el rey Luis XVI en el momento en que éste había aceptado la primera Constitución francesa. Pero la radicalización revolucionaria a partir de 1792 y el destronamiento de Luis XVI precipitó la caída del conde de Aranda y la llegada al poder de Manuel Godoy en 1792.

Gobierno de Manuel Godoy

Manuel Godoy, un guardia de corps, ascendió rápidamente en la Corte gracias a su influencia sobre la reina María Luisa. En pocos años pasó de ser un hidalgo a convertirse en duque de Alcudia y de Sueca, capitán general y, desde finales de 1792, en «ministro universal» de Carlos IV con un poder absoluto. De pensamiento ilustrado impulsó medidas reformistas como las disposiciones para favorecer las enseñanzas de las ciencias aplicadas, la protección a las Sociedades Económicas de Amigos del País y la desamortización de bienes pertenecientes a hospitales, casas de misericordia y hospicios regentados por comunidades religiosas.

La Revolución francesa condicionó su actuación en la política española. Sus primeras medidas se encaminaron en salvar la vida de Luis XVI, que fue guillotinado en enero de 1793, lo que generalizó una guerra de las potencias europeas contra la Francia revolucionaria conocida como la Guerra de la Convención. España fue derrotada por la Francia republicana y los franceses ocuparon Figueras, Irún, San Sebastián, Bilbao, Vitoria y Miranda de Ebro. Godoy tuvo que firmar con Francia la Paz de Basilea en 1795. Francia devolvió a España las plazas ocupadas, a cambio del territorio hispano de la isla de La Española (Santo Domingo). En 1796, Godoy firmó el Tratado de San Ildefonso y España se convirtió en aliada de Francia. Este cambio de postura buscaba el enfrentamiento con Gran Bretaña, principal adversario de la Francia revolucionaria y tradicional enemiga de España. La derrota de la escuadra española frente al cabo de San Vicente en 1797 provoca la caída de Godoy en 1798, que fue sustituido por un gobierno provisional (1798-1800) formado por dos ilustrados: Francisco de Saavedra y Mariano Luis de Urquijo, se sucedieron al frente del gobierno entre 1798 y 1800.

En 1799 llega al poder Napoleón y es proclamado Emperador en 1804. Napoleón necesitaba la colaboración española en su lucha contra Inglaterra, por lo que presionó a Carlos IV para que le volviera a dar el poder a Godoy en 1800. Mediante el Convenio de Aranjuez de 1801, Carlos IV ponía a disposición de Napoleón la escuadra española, lo que implicaba de nuevo la guerra contra Gran Bretaña. Godoy declaró en 1802 la guerra a Portugal, principal aliado británico en el continente, antes de que lo hiciera Francia. Este conflicto, conocido como la Guerra de las Naranjas.

En 1805, la derrota de la escuadra franco-española en la batalla de Trafalgar por la Armada británica modificó la situación radicalmente. Frente a la hegemonía de Gran Bretaña en los mares, Napoleón recurrió al bloqueo continental, medida a la que se sumó España. En 1807 fue suscrito en Tratado de Fontainebleau que estableció el reparto de Portugal entre Francia, España y el propio Godoy, y el derecho de paso por España de las tropas francesas encargadas de su ocupación.

Con tantas guerras se agravó hasta el extremo la crisis de la Hacienda. Los ministros de Carlos IV se mostraron incapaces de solucionarla, pues el temor a la revolución les impedía introducir las necesarias reformas, que hubieran lesionado los intereses de los estamentos privilegiados, alterando el orden tradicional.

La presencia de soldados franceses en territorio español aumentó la oposición hacia Godoy, enfrentado con los sectores más tradicionales por su política reformista y entreguista hacia Napoleón. A finales de 1807 se produjo la Conjura de El Escorial, conspiración encabezada por Fernando, Príncipe de Asturias, que pretendía la sustitución de Godoy y el destronamiento de su propio padre. Pero, frustrado el intento, el propio Fernando delató a sus colaboradores. En marzo de 1808, ante la evidencia de la ocupación francesa, Godoy aconsejó a los reyes que abandonaran España. Pero se produjo el Motín de Aranjuez, levantamiento popular contra los reyes aprovechando su presencia en el palacio de Aranjuez. Godoy fue hecho preso por los amotinados. Carlos IV, ante el cariz de los acontecimientos, abdicó en su hijo Fernando VII.

Napoleón, receloso ante el cambio de monarca, convocó a la familia real española a un encuentro en la localidad francesa de Bayona. Fernando VII, bajo la presión del Emperador y de sus padres, devolvió la Corona a Carlos IV el día 6 de mayo, sin saber que el día antes Carlos IV había pactado la cesión de sus derechos a la corona en favor de Napoleón, quien finalmente designó como nuevo rey de España a su hermano José.

Carlos permaneció prisionero de Napoleón hasta la derrota final de este en 1814; pero en ese mismo año Fernando VII fue repuesto en el Trono español, manteniendo a su padre desterrado por temor a que le disputara el poder. Carlos y su esposa murieron exiliados en la corte papal.

Motín de Aranjuez (1808)

El Motín de Aranjuez fue un levantamiento nobiliario ocurrido el 18 de marzo de 1808 por las calles Aranjuez. Causas: la derrota de Trafalgar que recayó fundamentalmente en las clases humildes, el descontento de la nobleza, la impaciencia de Fernando VII por reinar, la acción de los agentes de Napoleón y las intrigas de la Corte, donde se iba creando un núcleo opositor en torno al Príncipe de Asturias, el futuro Fernando VII, formado por aristócratas recelosos del poder absoluto de Godoy y farisaicamente escandalizados por sus supuestas relaciones con la reina María Luisa de Parma; así como el temor del clero a las medidas desamortizadoras.

En virtud del tratado de Fontainebleau, las tropas francesas habían ido ocupando diversas localidades españolas (Burgos, Salamanca, Pamplona, San Sebastián, Barcelona o Figueras). Los soldados franceses controlaban las comunicaciones con Portugal y Madrid, así como la frontera francesa.

La presencia de esta tropas terminó por alarmar a Godoy. En marzo de 1808, temiéndose lo peor, la familia real se retiró a Aranjuez para, en caso de necesidad, seguir camino hacia el sur, hacia Sevilla y embarcarse para América, como ya había hecho Juan VI de Portugal.

El 17 de marzo de 1808, corre por las calles de Aranjuez el rumor del viaje de los reyes. Es cuando una pequeña multitud, dirigida por miembros del partido fernandino, nobles cercanos al Príncipe de Asturias, se agolpa frente al Palacio Real y asalta el palacio de Godoy. El día 19, por la mañana, Godoy es encontrado escondido en su palacio y trasladado hasta el Cuartel de Guardias de Corps. Ante el temor de un linchamiento, interviene el príncipe Fernando, que se hace dueño de la situación. Carlos IV abdica en su hijo, convirtiéndolo en Fernando VII.

Los acontecimientos de Aranjuez fueron los primeros estertores de la agonía del Antiguo Régimen en España. El pueblo había sido manipulado: el acceso al trono de un nuevo rey, legitimado por la voluntad popular. Caro fue el precio a pagar: la sangre de la Guerra de la Independencia y un posterior reinado de un Fernando VII absolutista y nefasto, que acabaría en la primera guerra carlista.

Afrancesamiento:

Felipe V (1714-1745)

Fernando VI (1746-1759)

Carlos III (1759-1788)

Reacción popular antifrancesa:

Folclorismo. Descubrimiento de las regiones periféricas.

División ideológica: “Las dos Españas”

A comienzos del siglo XVIII la Ilustración comenzaba a difundirse por Europa. En la corte de Madrid algunas mentes renovadoras, arropadas por la monarquía borbónica, quedaron deslumbradas por las luces de Europa y se pusieron a renovar la sociedad española, presa de una organización rancia y deteriorada. El gran reto de la Ilustración sería la modernización del país.

«Felipe V no entró en Madrid con un proyecto ilustrado de nación debajo del brazo. Sí trajo en cambio un nuevo sentido del Estado y una idea más moderna de la monarquía, inspirada en el modelo francés y la tradición castellana de fortalecimiento de la corona. No obstante, en un principio, el joven Borbón se mostró respetuoso con las tradiciones de los reinos de la Corona de Aragón e inició su gobierno sin atacar las viejas leyes. Fiel a su abuelo, no tocó los fueros y concedió abundantes privilegios a los súbditos más reacios a sus proyectos centralizadores. [...]

Los catorce años de la guerra de Sucesión permitieron al monarca acelerar el proceso de unificación del Estado. Sin problemas de reconocimiento, el Borbón emprendió una ardua tarea centralizadora que tras años de reformas liquidaría las leyes y las instituciones tradicionales de la Corona de Aragón. [...] Tampoco la administración central, anquilosada en los tiempos de los últimos Austrias, resistirá el ímpetu reformista del monarca. La meta perseguida por el Borbón era clara: dotar a España de un Estado moderno, y a este fin contribuyeron los Decretos de Nueva Planta y la remodelación de la burocracia central. No obstante, la revisión tuvo sus límites, ya que las Provincias Vascongadas y Navarra, respetadas por el apoyo a Felipe V durante la guerra, conservaron sus instituciones intactas y continuaron ancladas en sus viejos fueros.

En un proyecto centralista de Estado y de afirmación de la autoridad real, la Corona no podía permanecer pasiva frente a los movimientos de una institución, la Iglesia, cuyo apoyo al archiduque durante la guerra de Sucesión había abierto una herida que tardaría tiempo en cicatrizar. Ante la amenaza de nuevos conflictos, el joven Felipe V lanzó una ofensiva dirigida a establecer la hegemonía de la Corona sobre la Iglesia española y poner fin a las injerencias de Roma. El regalismo defendido por el monarca, uno de los grandes principios del despotismo ilustrado, triunfaría en tiempos de su hijo, Fernando VI, quien formó con Roma el Concordato de 1753, por el que el Papa reconocía la primacía de la Corona sobre la jurisdicción eclesiástica y la facultad de los monarcas españoles para intervenir en la administración y control de las finanzas de la Iglesia.

Consolidadas las bases del absolutismo, Felipe V siguió con las reformas, a menudo contestadas por sus súbditos.» (García de Cortázar, Fernando: Historia de España. De Arapuerca al euro. Barcelona: Planeta, 2004, 137-141)

Durante un siglo, de 1700 a 1808, la nueva dinastía borbónica llevó a cabo una serie de hondas reformas. Unas venían impuestas por la liquidación del régimen austracista, otras respondieron al arbitrismo ministerial siguiendo el ejemplo europeo en la época del Despotismo Ilustrado. La mayoría de estas reformas resolvieron problemas acuciantes suscitados por el aumento de la población española y el auge de las actividades comerciales y manufactureras.

«En conjunto, el reformismo borbónico tuvo éxito en cuanto rehízo la potencialidad de España en Europa y América; pero encauzó el Estado por las vías de un rígido racionalismo, contrario al sentido histórico de lo hispano. Por otra parte, sus mismas reformas contribuyeron a suscitar nuevos problemas: el de la burguesía periférica, deseosa de expansionismo mercantil, y el del campesinado interno, ávido de tierras para el cultivo. [...]

A todos los españoles se les dieron, por fin, idénticas posibilidades. Pero con la lamentable obligación de tener que renunciar a hermosas parcelas de su personalidad en aras de un sacrosanto uniformismo estatal. Contra esa espiritualidad aristocrática, superficial y helada, el pueblo reaccionó diversamente según las regiones: en general, procuró captar lo más vivo, que dirigió a formas folklóricas; pero, ante la imposibilidad de forzar la barrera que separaba los dos mundos, dio a luz el casticismo hispánico. De mediados del siglo XVIII es el triunfo de la corriente popular que, partiendo del vacío de la época de los últimos Austrias, crea el marchamo de la España costumbrista: los toros, en primer lugar, y, en torno, el flamenquismo, la gitanería y el majismo.» (Vicens Vives, J.: Aproximación a la Historia de España. Barcelona: Vicens Vives, 142003, p. 125-127)

En el siglo XVIII una minoría intelectual critica y cuestiona los viejos valores hispanos y la ideología del barroco español. Son los ilustrados o “afrancesados” que se preocupan por averiguar las causas de la decadencia cultural y económica de España. Con el apoyo de la nueva dinastía francesa de los Borbones intentan impulsar una renovación del país, lo que les enfrenta a una oposición de conservadores y tradicionalistas. Es la España tradicional contra la España afrancesada. El Barroco sobrevivió durante el siglo XVIII hasta que fue sustituido gradualmente por la nueva corriente neoclasicista francesa, más fría y académica que la renacentista. Contra una minoría que imitaba los modelos franceses se produjo una reacción localista, popular y costumbrista.

Felipe V (1683-1746), rey de España (1700-enero de 1724; agosto de 1724-1746), de origen francés, primer monarca de la Casa de Borbón, la cual sustituyó a la Casa de Habsburgo en el reinado sobre los territorios españoles gracias al testamento definitivo del último rey de ésta, Carlos II. Los borbones mostraron poca comprensión con la cultura barroca española. La reacción popular contra el afrancesamiento provocó el folclorismo, el flamenco es descubierto y aceptado por la sociedad, se crean las modernas corridas de todos al prohibir los Borbones la corridas de los aristócratas, se refuerza el regionalismo con el descubrimiento de las regiones periféricas como reacción contra el centralismo racionalista borbónico.

El siglo XVIII, llamado Siglo de las Luces o de la Ilustración, supuso una revolución en diferentes parcelas del saber. Nacen los grandes centros de investigación: la Biblioteca Nacional, la Biblioteca Real y la fundación de las Reales Academias, como las de la Lengua, la Historia, Bellas Artes, etc.; los primeros museos y centros de investigación científica y tecnológica, como el Real Observatorio Astronómico, los Colegios de Medicina, la Escuela de Veterinaria o el Banco de España; en esos años se crean igualmente varios cuerpos de funcionarios y de titulados superiores y crecen  diversas sociedades eruditas de ámbito local o nacional (las célebres Sociedades Económicas entre ellas), junto a otras agrupaciones de muy diversa índole.

En este siglo se desarrollan trabajos en el ámbito de la lingüística:

Lorenzo Hervás y Panduro (1735-1809), jesuita y filólogo español.

Desarrolló nuevas técnicas de investigación con las que se adelantó a Humboldt y otros. Estableció el método de la encuesta para elaborar la parte lingüística de su monumental obra enciclopédica Idea dell'Universo (1785), conocida como Catálogo de las lenguas. Reformuló el método comparativo del vocabulario a una doble vertiente de vocabulario y de estructura gramatical, que sería después muy provechoso para la lingüística comparada del siglo XIX.

Hervás y Panduro defendió la universalización de la educación científica, cívica, moral y física, incluyendo la de las mujeres y los discapacitados. Su libro Escuela española de sordomudos (1775 y 1795) fue un método fundamental de lectura y escritura, en realidad, una verdadera metodología didáctica especialmente destinada a los discapacitados. Otras obras suyas son Vocabulario polígloto con prolegómenos de más de 150 lenguas (1787) e Historia de la vida del hombre (1789-1999).

La erudición del siglo XVIII tiene una de sus cimas en el padre

Benito Jerónimo Feijoo (11676-1764): Teatro crítico universal (1726-1740) y las Cartas eruditas y curiosas (1742-760).

Las artes plásticas del momento se asocian con el modelo neoclásico importado de Francia, la línea oficial neoclásica está representada por la Academia de Bellas Artes de San Fernando, que arremete contra el estilo barroco y churriguerescao.

El estilo barroco convive bastantes años con el neoclásico, así como la vieja comedia española.

Las ideas ilustradas no llegan a implantarse hasta el reinado de Carlos III (1729-1788).

En materia política, los Austrias dejan paso a una nueva dinastía, los Borbones; en materia religiosa, el siglo XVIII se deja sentir por transformaciones de muy diferente signo: el problema de los jansenistas en Europa o la expulsión de los jesuitas de España tras haber salido antes de Portugal (1759). Una de las principales novedades es el triunfo de la prensa, las publicaciones periódicas, las revistas ilustradas y las novelas por entregas o en pliegos sueltos.

La novela, en esta época de tendencia clasicista, no podía tener el vigor de otros siglos; sin embargo, se sigue leyendo novela española áurea, se imitan algunos de sus principales títulos (con el Quijote al frente). Hay contados títulos novelescos de cierta altura: Historia del famoso predicador Fray Gerundio Campazas del padre Francisco de Isla (1703-1781). Una obra de fama imperecedera es la Vida, descendencia, nacimiento, crianza y aventuras del doctor don Diego Torres de Villarroel.

El espíritu romántico comienza a sentirse en Europa, lo que animará el cultivo de géneros como la novela sentimental de José Mor de Fuentes, la histórica de Antonio Marqués y Espejo, ya al inicio del siglo XIX, así como obras ya prerrománticas como las Noches lúgubres (1793) de Cadalso.

En cuanto al teatro, siguen triunfando los autores del siglo XVII, con Calderón en cabeza.   El intento de reforma de los ilustrados en materia teatral tiene dos preocupaciones: moral y estética.  Leandro Fernández de Moratín (1760-1828) se burla de la comedia heroica en su Comedia nueva o El café. En las obras de éste y otros autores se percibe la intención de educar al pueblo tanto en el terreno moral como en el estético: El viejo y la niña (1790), La mojigata (1804), El sí de las niñas (1806); la Petimetra (1762) de Nicolás Fernández de Moratín, El señorito mimado (1783) y La señorita mal criada (1791) de Tomás de Iriarte (1750-1791)

En cuanto a la poesía, la nómina de creadores es muy amplia. Destaca Juan Meléndez Valdés (1754-1817), que cultivó las principales formas y temas, como la anacreóntica, el epigrama, los temas satíricos y jocosos o la poesía de circunstancias.

El cultivo de la fábula está representado por dos autores clásicos en este género y cuya obra goza de un éxito extraordinario hasta nuestros días: Tomás de Iriarte (1750-1791) y Félix María Samaniego (1745-1801).

 


EL ANTIGUO RÉGIMEN

Antiguo Régimen, término referente al periodo comprendido entre el siglo XVI y el estallido de la Revolución Francesa (1789-1799) y las revoluciones liberales burguesas del XIX. El término fue empleado por los revolucionarios franceses de 1789 de forma desdeñosa para referirse a la estructura política, social y económica imperante en Francia hasta ese momento.

En el caso español, el Antiguo Régimen perdura brevemente en el siglo XIX hasta la Guerra de Independencia española, cuando, al promulgarse la Constitución de 1812 en Cádiz, se abrió el proceso de constitucionalismo, tendente a superar los obstáculos de este sistema.

El Antiguo Régimen, entendido como sistema sociopolítico, tiene su origen en la descomposición del feudalismo y está caracterizado por la forma de gobierno denominada monarquía absoluta aunque su poder se encontraba mediatizado por la existencia de instituciones que en ocasiones se oponían a las decisiones de la corona. También es muy característica la presencia, en todos los órdenes de la vida, de la Iglesia. En ocasiones era difícil distinguir la separación entre el poder civil y el eclesiástico.

Desde el punto de vista social, el Antiguo Régimen está caracterizado por la sociedad estamental, dividida entre los siguientes grupos, o clases, sociales: la nobleza, la Iglesia y el conocido como tercer estado. Las tierras estaban en manos de la corona, la nobleza y la Iglesia. El eje fundamental en este sistema lo constituye el régimen señorial y la división gremial del trabajo. Todo ello no impidió que parte de la baja nobleza fuera más pobre que algunos grupos inferiores dedicados a actividades manufactureras.

La pirámide social del Antiguo Régimen

ALTAR

REY

TRONO

Alto clero

 

Gran aristocracia

Gran burguesía de negociantes y especuladores, de hecho emparentada o aparejada con la aristocracia

 

Nobleza administrativa de alto rango, aparejada o emparentada con la aristocracia y la gran burguesía

Burguesías medianas de mentalidad capitalista, vinculadas a los negocios coloniales.

Pequeños maestros artesanos. Bajo clero

Mano de obra urbana.

Pequeños propietarios agrarios (minifundios).

Mano de obra campesina (jornaleros y aparceros).

[Fuente: Historia Universal. Editorial Salvat, 2004, vol. 16, p. 4]