Joaquín Calvo Sotelo 

Justo Fernández López


BIOGRAFÍA

Joaquín Calvo Sotelo (1905-1993), dramaturgo, poeta y ensayista, nació en La Coruña en el seno de una familia firmemente comprometida con la política derechista, lo que marcó toda su orientación ideológica.

Calvo Sotelo hizo un teatro escasamente original, que partía de ciertas inquietudes sociales que intentaban lograr la reconciliación nacional, pero que terminó en comedia burguesa, amable e intrascendente. Es un autor ideológicamente conservador y estéticamente convencional. Su temática se instala en posiciones políticas conservadoras que le condujeron a apostar por la comodidad y a aligerar sus piezas teatrales de cualquier elemento formal y temático que pudiera molestar a la censura franquista.

Consagrado, definitivamente, a raíz de su ingreso en la Real Academia Española (1955) como uno de los escritores más célebres de la época, su producción teatral fue mimada y elogiada por actores, productores y, en general, por todos los componentes de la cultura oficial.

OBRA TEATRAL

Calvo Sotelo fue uno de los autores más prolíficos del teatro español del siglo XX.

Viva lo imposible (1939)

El contable de estrellas (1939)

Ya había alcanzado relevante popularidad con unas comedias burguesas mediocres. Pero su prestigio se incrementó con las piezas que escribió en colaboración con Miguel Mihura.

Tánger (1945)

La visita que no tocó el timbre (1949)

Piezas propias de intencionado sesgo humorístico.

La cárcel infinita (1945)

Plaza de Oriente (1947)

Con estas dos últimas piezas prueba hacer un teatro más serio.

Criminal de guerra (1951)

Drama de vencedores y vencidos en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

El jefe (1952)

Las leyes son necesarias para el funcionamiento de la sociedad.

Milagro en la Plaza de Oriente (1953)

Obra en una línea más comprometida con la difícil situación que atravesaba la sociedad española de la época.

La muralla (1954)

Esta obra estaba llamada a convertirse en su obra más célebre. Alcanzó un éxito de más de seiscientas representaciones en el teatro Lara de Madrid. Su éxito fue sintomático.

Se trata de un un tibio alegato en favor de la reconciliación entre las dos Españas divididas, sometido siempre a los criterios morales impuestos por la Iglesia católica.

Argumento:

Jorge, un rico hacendado de Badajoz, vive en Madrid disfrutando de sus rentas. Robó “El Tomillar”, una importante propiedad extremeña, valiéndose de su calidad de capitán victorioso de la guerra y aprovechándose de un funcionario encarcelado por delitos políticos. Se presenta el caso de conciencia. Jorge enferma gravemente, y ante el temor de perder su alma, aconsejado por un sacerdote rural gallego, se apresta a restituir lo robado a quien le corresponda.

El dilema moral que puede plantearse a raíz de esta decisión afecta, más que al propio protagonista, a los seres que le rodean, quienes prefieren no reparar la injusticia cometida si de esta acción puede desprenderse un escándalo que ha de afectar gravemente al prestigio social de la familia. Para impedir que el protagonista cumpla sus deseos, todos sus deudos se alían entre sí y forman en torno a él una muralla impenetrable. Hasta el final de la obra Jorge mantiene esta posición ante la muralla que levantan su hija, su mujer y su familia, los amigos todos y la sociedad en la que vive. El protagonista muere en escena justo en el momento en que se disponía  a hacer la restitución. Jorge se decide a restituir por miedo a condenar su alma.

La temática católica queda limitada a la religiosidad interesada de una burguesía española a la que pertenecía el protagonista: “si restituyo, Dios no tiene más remedio que salvarme”; como si se tratase de un contrato comercial. La concepción de la moral religiosa como si se tratase de un contrato jurídico es típica de la clase media burguesa española. Los antagonistas (“la muralla”) oponen igualmente razones propias de la moral católica burguesa, todas ellas lógicas en relación con su base: la moral social secular.

La obra es una radiografía de la concepción de la moral propia de aquel tiempo. Sólo como reflejo de la mentalidad moral-católica de la época franquista es comprensible el enorme éxito de esta obra.

Aunque Calvo Sotelo no hubiese publicado otra cosa, el éxito sensacional de La muralla le bastaría para no quedar en el olvido. Esta pieza servirá para mostrar cuál era el atrevimiento máximo que un autor de teatro podía permitirse entre 1940 y 1960 en la España de Franco, por lo que a realismo se refiere. Aunque la obra es de tesis moral más que social, Calvo Sotelo intenta una crítica de carácter paródico, pero sin pretender atentar gravemente contra el sistema y el orden establecido. Pone en cuestión ciertas actitudes de la clase media y alta, pero con un humor, ternura y humanismo que todo lo disculpa, sin hacer demasiado daño. En este sentido está dentro de la tradición del teatro de Jacinto Benavente (1866-1954).

Con esta obra, Calvo Sotelo tuvo serios enfrentamientos con la censura, lo que llevó al dramaturgo gallego a abandonar ese sendero apenas explorado y regresar, seguro y confiado, a la vía trillada de la comedia burguesa o el drama alejado de cualquier referencia al entorno político. Firmemente orientado, pues, hacia el teatro de evasión, volvió a contar con el favor de la crítica oficial y de los espectadores de mediados de siglo.

La ciudad sin Dios (1957)

Versión del tema de San Ginés.

Una muchachita de Valladolid (1957)

Cartas credenciales (1960)

Micaela (1962)

El proceso del arzobispo Carranza (1964)

El poder (1965)

La ambición de poder en el Renacimiento.